Lecturas sobre narrativa venezolana del siglo XXI

La montaña de los muertos

 

RAFAEL RATTIA

 

Con un lenguaje densamente poblado de agudas e inteligentes metáforas, el narrador Stalin Gamarra, autor de la novela “La montaña de los muertos”, editada en Mérida, por las ediciones Actual, deja constancia de una asombrosa propuesta novelesca sobre una de las décadas más estudiadas por el discurso sociológico de la literatura venezolana del crispado y tormentoso siglo XX. Porque a decir verdad, la década de los años 60 de la pasada centuria es una de las màs  prolíficas y abundantes en materia de creación literaria. Los manifiestos literarios del siglo XX asì lo atestiguan.

La gesta heroica de la guerrilla “sesentosa” dio lugar a textos de naturaleza narrativa que con el tiempo adquirieron visos de carácter mítico y hasta legendario ya en el vasto panorama de la cuentìstica y novelística venezolana. Tal, la obra de Àngela Zago, “Aquì no ha pasado nada”, o “Despuès del Tùnel” de Diego Salazar, la inolvidable narración “Cómo secuestramos a Niehous”, de Gaspar Castro Rojas, acrónimo de Grupos de Comandos Revolucionarios, unido a estas experiencias narrativas testimoniales una decena de textos (entre novelas y cuentos) que retratan con enjundiosa minuciosidad los increíbles intersticios de una guerra que, como todas las guerras, trituró y engulló existencias que nunca merecieron morir como lo hicieron, tan absurda y, sobre todo, tan prematuramente.

Gracias a esas lecturas transversales que nos sorprenden en medio de los breves paréntesis que hacemos en nuestra incansable labor de lectores en que vivimos, pude disfrutar de una magnífica crítica literaria escrita por el poeta Armando Rojas Guardia quien no repara en merecidos elogios a esta novela del también excelente escritor y profesor universitario Stalin Gamarra tan elocuentemente titulada “La montaña de los muertos”.

Confieso que la gratificante lectura de esta portentosa novela de Gamarra me ha reconciliado con mi breve pero, también debo decirlo, intensa pasantía por los estertores de la que unos y otros coinciden en denominar la guerrilla urbana en Venezuela. Por las páginas de esta novela no hay ni un ápice de rencor, ni tantito de reconcomio por lo que pudiera calificarse como la más grande estafa simbólica que un puñado de jóvenes soñadores decidieron experimentar a lo largo y ancho de una década y media con todas las incalificables implicaciones éticas, morales, políticas y existenciales que se describen con innegable maestría narrativa en esta novela singular.

La homofobia del personaje que encarna al “portugués” en la novela rasga el velo de una  de las más abominables manifestaciones de intolerancia a la diversidad sexual que aguijoneó la doble moral de eso que los papanatas del guerrillerismo ético e intelectual de raigambre gramsciana se empeñan en llamar el bloque histórico de clases oprimidas. Legendarios comandantes guerrilleros que amenazaban con fusilar a sus propios camaradas porque “sospechaban” de que éstos últimos eran dueños de conductas non sanctas para la nomenclatura de la vanguardia revolucionaria. La logia de los esotéricos la denomina el narrador. Obvio, siempre obvio. La casta ilustrada de la iluminada vanguardia guerrillera vivía confortablemente en Caracas disfrutando y usufructuando los bienes suntuosos (joyas, relojes, dinero) que caían en manos de las unidades tácticas de combate de los núcleos guerrilleros urbanos que arriesgaban sus vidas en nombre de una revolución que nació muerta.

 

 

 

 

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Ciudad derruida

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Esta ciudad derruida en medio de la nada
estos espectros que vagan en direcciòn incierta
estas angustias de desollados vivos
Estos panes de nadie y esta bandera rota en medio del sepelio
de los atormentados por la desilusiòn de una cola para comprar
un nùmero marcado en el antebrazo izquierdo
Una patria purulenta naufraga en la promesa  roja
Esta ciudad calcinante cielos destartalados
estos niños avejentados sin dientes y rostros arrugados
por la espera inùtil.
 

El concepto de genealogìa en Michel Foucault

“El concepto de genealogía en Michel Foucault: una lectura desde la perspectiva de Magaldy Téllez”.

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Rafael Rattia

 

Obviamente, leer a Foucault  no es una tarea fácil si se intenta acometer desde una cierta “intemperie” teórica, es decir, desprovisto de una buena y suficiente carga nocional categorial que entronca sus raíces históricas en el pensamiento de la Ilustración francesa del siglo XVIII y del Iluminismo alemán del siglo XIX. 

Ya desde el Resumen del ensayo de aproximación al concepto foucaultiano de “Genealogía”, la profesora Téllez nos advierte que su lectura crítica atraviesa dos grandes ejes temáticos del pensamiento humanista de Michel Foucault: uno, la preocupación epistemológica foucaultiana por el presente; el otro, lo atinente a eso que Foucault llama en sus propias palabras, “pensar lo impensado”; es decir, prestar atención a los ámbitos problemáticos que, deliberadamente o no, han quedado fuera del régimen dominante de producción de conocimientos relacionados con las prácticas educativas.

Para leer y comprender mejor el tema que a continuación vamos a abordar es conveniente aclarar antes algunos aspectos elementales que formula la propuesta de Foucault.

En la cosmovisión teórica de Foucault no hay un “origen” único ni un “fin” fundante de un Progreso último e indefinido que presuntamente aguarde a la humanidad. Dicho de otra forma; la visión que plantea Foucault no es “teleológica” ni teleologizante. Faoucault suplanta la noción de “origen” por el concepto de procedencia. Al respecto, la profesora Téllez nos aclara de una manera inequívoca estos dos conceptos.

Por otra parte, en Faoucault la evolución histórica, tal como la hemos entendido hasta ahora en el pensamiento de las Ciencias Sociales, es sustituida por la categoría de “emergencia”.

El pensamiento foucaultiano, -según Téllez- toma distancia de la visión continuista de la historia, es decir, no hay una historia única, absoluta y total; existen tramas de objetivaciones de determinadas prácticas sociales cuyas determinaciones es preciso poner de manifiesto para romper con las imágenes neutralizadoras de los fenómenos sociales que ha entronizado una cierta concepción europea-occidental de la historia.

La historia-genealogía, de acuerdo con Foucault, es un tipo de saber histórico que no descansa sobre ningún Absoluto.  La historia tradicional se defiende con la idea de “la continuidad”, “el movimiento teleológico” o el “encadenamiento natural”. Es la historia basada en la idea decimonónica del Progreso y el Desarrollo ineluctable de la humanidad hacia un futuro luminoso. Foucault insurge contra esta idea de inexorabilidad.

La preocupación por el presente en Foucault hay que entenderla como “la actualidad como acontecer, es decir, lo que vamos y estamos siendo.” Advierte Foucault que no se trata de un saber predictivo o una actitud prospectiva sino “de estar atento a lo desconocido, a lo impensado.

Ahora bien, ¿qué es lo impensado para Foucault? Sin duda, lo impensado es aquello que no podemos ya decir, lo que cae fuera de nuestra práctica discursiva; eso que comienza con el exterior de nuestro propio lenguaje: su lugar es el margen (la diferencia) de nuestras propias prácticas discursivas. Luego entonces, ¿es el pensamiento foucaultiano una episteme que rompe el hilo de las teleologías trascendentales?

Contemplarnos a nosotros mismos para hacer que se manifieste el otro, el exterior, (el pensamiento del afuera lo llama Foucault). Dice el mismo Foucault que nuestra razón es la diferencia de los discursos y nuestra historia es la diferencia de los tiempos; al igual que nuestro yo es la diferencia de nuestras máscaras.

Con respecto al sujeto histórico Foucault nos dice que en lugar de reenviarnos a un “sujeto constituyente”, “es preciso desembarazarse de la idea del sujeto mismo para llegar a un análisis que pueda dar cuenta de la constitución del sujeto en la trama histórica.” En palabras del propio Foucault: “y es esto lo que yo llamaría genealogía, una forma de historia que da cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, de los dominios del sujeto, sin tener que referirse a un sujeto trascendente.”

Foucault sostiene que “los acontecimientos históricos deben entenderse como una trama de fuerzas cambiantes, móviles, que responden al azar de las luchas, no a un destino ni a una mecánica. O sea que las fuerzas presentes en la historia se objetivan en la singularidad y aleatoriedad de los acontecimientos históricos.” He aquí que la genealogía implica la exigencia de liberarse todas las nociones relacionadas con el supuesto de la continuidad histórica. Es obvio colegir de esta postura foucaultiana que la visión de la historia sostenida por el autor de “La arqueología del saber” rechaza toda forma ascensional del devenir histórico tal como lo sostiene, por ejemplo, el evolucionismo antropológico de raigambre darwinomarxista.414

Las nuevas ciencias sociales en el contexto latinoamericano

Las nuevas ciencias sociales en el contexto latinoamericano.

Por: Rafael Rattia

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Leyendo a Mattei Dogan salta a la vista una evidencia incontestable: en todas las universidades y específicamente en las carreras docentes las disciplinas desempeñan un papel importante en la transmisión de los saberes. De donde se infiere que el reino y supremacía de las disciplinas cientìficas y el disciplinarismo no sòlo “gozan de buena salud” si no que están llamadas a existir oficialmente. Dados los innumerables intereses profesionales que cada disciplina defiende celosamente; es difícil suponer que el abigarrado entramado de disciplinas científico-sociales se va a atenuar ni mucho menos a desdibujar del horizonte de las ciencias sociales latinoamericanas.

Cada disciplina se aferra a su pretendida soberanía “territorial”; y cuida sus espacios teóricos-metodològicos como si de un coto cerrado de caza se tratara.

No obstante lo anteriormente señalado, en los ámbitos de las “fronteras” admitidas entre las disciplinas cada dìa se pone màs en entredicho las zonas teóricas de pertinencia debido a que las antiguas disciplinas no tienden a corresponderse con la emergencia de los novísimos fenómenos que surgen con la hipercomplejidad de los saberes. El asombroso especialismo crea fisuras y grietas (Dogan) en los campos disciplinarios. Ciertamente, entre vecindarios interdisciplinarios cada dìa surgen màs espacios y zonas inèditas que desafìan la eficacia epistemológica de las disciplinas.

En el mar de los sargazos de las Ciencias Sociales, dependiendo de la perspectiva que adoptemos, encontramos màs de una quincena de disciplinas acadèmicas y por lo menos un centenar de “especialidades”, “campos”, subcampos y nichos epistémicos que dan cuenta de la creciente proliferación territorial del régimen disciplinar en las llamadas ciencias sociales latinoamericanas. Al punto que se habla de “disciplinas adyacentes” o colaterales que hacen vida en los lìmites de las subespecialidades de las discipinas. Especìficamente, en el campo de las ciencias sociales lo que en una época se conocía como estudios de Derecho, se separò y logró el surgimiento de una nueva disciplina conocida hoy el nombre de “ciencias políticas” y asì sucesivamente: por ejemplo, en el campo de la economía vemos una proliferación de subespecialidades como la “econometría”, la microeconomía, la economía teórica, la macroeconomía, la economía virtual o economía digital.

Mattei Dogan nos sugiere el concepto de “escisipoaridad”; es decir, la división en dos, similar a la ameba, como un proceso habitual de fragmentación o escisión dual en los procesos de investigación científica. Y acota que “la especialización es necesaria (…) porque ningún estudioso puede dominar toda la realidad empìrica y el paso del nivel de abstracción a lo concreto nos obliga a limitarnos y a especializarnos”. Ademàs, la fragmentación de las disciplinas no obedece a un capricho si no que es un proceso que sigue imperativos de orden epistemo/metodològicos, de naturaleza teórica o ideológica.

 

Los crecientes procesos de inevitable fragmentación de las disciplinas están simétricamente relacionadas con el inexorable proceso de acumulación cualitativa y cuantitativa de saberes, sean èstos clásicos o académicos.

Un dato importante –segùn Dogan- es que los especialistas rara vez conocen los nombres de los estudiosos eminentes si cultivan especialidades distintas a las suyas”.

Los “compartimentos estancos” en palabras de Mattei Dogan que aíslan a las especialidades  dentro de los estrechos mares de las disciplinas. De hecho, Dogan compara los grandes contenedores de los grandes buques cargueros como una metáfora que ilustra esta separación teórica y metodològica entre especialidades y disciplinas. En medio de estas insalvables compartimentaciones estancas disciplinares convierten a las disciplinas en los verdaderos “campos de investigación”.

Dice Dogan que …”la nave de la sociología ha sido construida por compartimientos estancos.” Y acota que, “si bien las fronteras entre las distintas especialidades dentro de las disciplinas son herméticas y no se comunican entre sì, las zonas fronterizas entre las disciplinas acadèmicas están y permanecen abiertas”. Y, puntualizamos nostros, estos linderos o vecindades epistémicas son áreas teóricas y metodològicas para las incursiones de lo que se conoce con el nombre de epistemología de fronteras.

“A juicio de Craig Calhoun, la sociología no ni la màs abierta ni la màs insular de las ciencias sociales.”

Es menester entonces, siguiendo la propuesta de Dogan, “elaborar una nueva historia de las ciencias sociales contemporáneas en torno al proceso concreto de hibridación del saber.(negrillas nuestras)

Por ejemplo, dice Dogan, citando el caso de la economía política marxista, hubo un tiempo en que resultaba una síntesis innovadora que poco a poco se fue volviendo “estéril” porque dejó de interactuar con las fronteras de otras disciplinas que Marx jamàs imaginò surgirían en el vasto campo de las ciencias sociales. El marxismo crìtico, bajo la ègida de Antonio Gramsci y Rosa Luxemburgo, o la mìtica y legendaria Escuela de Frankfurt representaron un poderoso impulso al refrescamiento y renovación de la teoría marxista clásica o tradicional. Los estudioshabermasianos, por ejemplo, han dado una fuerza revitalizadora y revigorizante a la teoría marxista en el complejo campo de la “teoría de la acción comunicativa”. Otro tanto puede decirse de Theodor Adorno y sus originales indagaciones estèticas o el atìpico caso excepcional de las investigaciones marcusianas sobre la enajenación de la sociedad postindustrial y sus efectos sobre el “hombre unidimensional”. Desde el campo de la sociología del conocimiento, pasando por la teoría estètica y las indagaciones sobre el arte en la sociedad capitalista (Walter Benjamin) avanzaron hipótesis y tesis osadas desde subdisciplinas irreverentes o campos de estudios extraacadémicos que bajo la òptica de estudios de hibridación, como por ejemplo, elfreudomarxismo (Wilhem Reich) en

 

 

Psicologìa de masas del fascismo escaparon a los efectos esterilizantes de la vulgata dogmática del marxismo ortodoxo o clásico.

En el siglo XIX, siglo de la expansión europea y de la colonización del àfrica; la Antropologìa fungió como paradigma de la ciencia matriz con pretensión imperial eurocéntrica. Desde los estudios de “La sociedad primitiva” de Lewis Morgan, las investigaciones de Bronislaw Malinowsky, Bachofen, Darwin, etc; el Viejo Mundo anquilosado y periclitado de la cosmovisión cientificista europeísta quiso implantar su imperialismo epistemocràtico imponiendo en sus dominios de ultramar y en sus colonias “la ciencia matriz (Antropologìa) haciendo creer que las demás disciplinas, incluidas las ciencias políticas y la sociología, eran meras provincias de la antropolgìa.”

El concepto de genealogìa en Michel Foucault.

“El concepto de genealogía en Michel Foucault: una lectura desde la perspectiva de Magaldy Téllez”.

 

Rafael Rattia

 

Obviamente, leer a Foucault  no es una tarea fácil si se intenta acometer desde una cierta “intemperie” teórica, es decir, desprovisto de una buena y suficiente carga nocional categorial que entronca sus raíces históricas en el pensamiento de la Ilustración francesa del siglo XVIII y del Iluminismo alemán del siglo XIX. 

Ya desde el Resumen del ensayo de aproximación al concepto foucaultiano de “Genealogía”, la profesora Téllez nos advierte que su lectura crítica atraviesa dos grandes ejes temáticos del pensamiento humanista de Michel Foucault: uno, la preocupación epistemológica foucaultiana por el presente; el otro, lo atinente a eso que Foucault llama en sus propias palabras, “pensar lo impensado”; es decir, prestar atención a los ámbitos problemáticos que, deliberadamente o no, han quedado fuera del régimen dominante de producción de conocimientos relacionados con las prácticas educativas.

Para leer y comprender mejor el tema que a continuación vamos a abordar es conveniente aclarar antes algunos aspectos elementales que formula la propuesta de Foucault.

En la cosmovisión teórica de Foucault no hay un “origen” único ni un “fin” fundante de un Progreso último e indefinido que presuntamente aguarde a la humanidad. Dicho de otra forma; la visión que plantea Foucault no es “teleológica” ni teleologizante. Faoucault suplanta la noción de “origen” por el concepto de procedencia. Al respecto, la profesora Téllez nos aclara de una manera inequívoca estos dos conceptos.

Por otra parte, en Faoucault la evolución histórica, tal como la hemos entendido hasta ahora en el pensamiento de las Ciencias Sociales, es sustituida por la categoría de “emergencia”.

El pensamiento foucaultiano, -según Téllez- toma distancia de la visión continuista de la historia, es decir, no hay una historia única, absoluta y total; existen tramas de objetivaciones de determinadas prácticas sociales cuyas determinaciones es preciso poner de manifiesto para romper con las imágenes neutralizadoras de los fenómenos sociales que ha entronizado una cierta concepción europea-occidental de la historia.

La historia-genealogía, de acuerdo con Foucault, es un tipo de saber histórico que no descansa sobre ningún Absoluto.  La historia tradicional se defiende con la idea de “la continuidad”, “el movimiento teleológico” o el “encadenamiento natural”. Es la historia basada en la idea decimonónica del Progreso y el Desarrollo ineluctable de la humanidad hacia un futuro luminoso. Foucault insurge contra esta idea de inexorabilidad.

La preocupación por el presente en Foucault hay que entenderla como “la actualidad como acontecer, es decir, lo que vamos y estamos siendo.” Advierte Foucault que no se trata de un saber predictivo o una actitud prospectiva sino “de estar atento a lo desconocido, a lo impensado.

Ahora bien, ¿qué es lo impensado para Foucault? Sin duda, lo impensado es aquello que no podemos ya decir, lo que cae fuera de nuestra práctica discursiva; eso que comienza con el exterior de nuestro propio lenguaje: su lugar es el margen (la diferencia) de nuestras propias prácticas discursivas. Luego entonces, ¿es el pensamiento foucaultiano una episteme que rompe el hilo de las teleologías trascendentales?

Contemplarnos a nosotros mismos para hacer que se manifieste el otro, el exterior, (el pensamiento del afuera lo llama Foucault). Dice el mismo Foucault que nuestra razón es la diferencia de los discursos y nuestra historia es la diferencia de los tiempos; al igual que nuestro yo es la diferencia de nuestras máscaras.

Con respecto al sujeto histórico Foucault nos dice que en lugar de reenviarnos a un “sujeto constituyente”, “es preciso desembarazarse de la idea del sujeto mismo para llegar a un análisis que pueda dar cuenta de la constitución del sujeto en la trama histórica.” En palabras del propio Foucault: “y es esto lo que yo llamaría genealogía, una forma de historia que da cuenta de la constitución de los saberes, de los discursos, de los dominios del sujeto, sin tener que referirse a un sujeto trascendente.”

Foucault sostiene que “los acontecimientos históricos deben entenderse como una trama de fuerzas cambiantes, móviles, que responden al azar de las luchas, no a un destino ni a una mecánica. O sea que las fuerzas presentes en la historia se objetivan en la singularidad y aleatoriedad de los acontecimientos históricos.” He aquí que la genealogía implica la exigencia de liberarse todas las nociones relacionadas con el supuesto de la continuidad histórica. Es obvio colegir de esta postura foucaultiana que la visión de la historia sostenida por el autor de “La arqueología del saber” rechaza toda forma ascensional del devenir histórico tal como lo sostiene, por ejemplo, el evolucionismo antropológico de raigambre darwinomarxista.

Los guaraos del delta del orinoco

La naciòn indìgena guarao se debate entre la inminente desapariciòn fìsica como pueblo aborigen

y su resistencia como sociedad milenaria autònoma con rasgos sociales y antropològicos independientes.

Las peores plagas de la sociedad criolla diezman poco a poco a nuestros hermanos guaraos sumièndolos en una terrible epidemia de destrucciòn y muerte. 

Sobre la naciòn guarao del delta del orinoco.

La naciòn indìgena guarao se debate entre la inminente desapariciòn fìsica como pueblo aborigen

y su resistencia como sociedad milenaria autònoma con rasgos sociales y antropològicos independientes.

Las peores plagas de la sociedad criolla diezman poco a poco a nuestros hermanos guaraos sumièndolos en una terrible epidemia de destrucciòn y muerte.