Para leer y comprender la poètica de Jairo Rojas Rojas

Jairo Rojas Rojas: La O azul o el cielo redimido

 

Rafael Rattia

 

Leo el poemario “La O azul”, del poeta joven venezolano Jairo Rojas y no me cansa el asombro, por supuesto grato, -que digo, gratísimo-

Paul Celan, Artur Rimabud, San Juan, Lucien Silberg, abren el libro, la maravillosa experiencia de lenguaje con sendos epígrafes que no dejan resquicio a la duda. Se trata de un texto con-texto mundo de inequívoca raigambre mìstica pero, apresurémonos a decirlo, no de un misticismo a la usanza tradicional. Se advierte en las inusuales páginas de este raro libro una mìstica del viento, de la noche, de las piedras, de la tristeza; en fin, se proclama aquí en estos poemas de Rojas Rojas “otra” mìstica màs cercana al poema que a la oración religiosa. ¿acaso el poeta postula una como religiosidad sin religión, una irreverencia reverencial de una índole aùn no tipificada por la crìtica?

En este libro el poema es un canto sosegado trastrocado en religión sin dios ni amo ni idolatrìa. La palabra se nombra a sì misma como en ejercicio de delirante autotelismo nombrante. Asì como –mutatis mitandis- Octavio Paz escribió “Blanco en lo blanco” con la inigualable maestrìa del matiz expresivo que caracterizò al Maestro mexicano universal, asì mismo Rojas Rojas nos refiere la O azul como representación metafórica de la extensión infinita del firmamento, de la làmina celeste que ve sin cesar a quienes tampoco cesamos de verla mientras transitamos nuestra experiencia humana. El azul de Rojas es “azul sobre azul” que se prolonga sobre sì mismo ad infinitum.

Tambièn se dejan leer en este libro, ya lo dijimos, uno y múltiple, varios libros coexisten en contraste y armonía en uno solo. Imàgenes subyugantes como estas:

“para tener, por fin, los pies sobre la tierra

Sobre

Azul sobre azul agua azul”.

El escritor nos entrega una palabra pulquérrima, cortante, despojada de ripios de lenguaje. La inveterada pulcritud verbal se adueña de cada texto poético como una consecuencia lógica de un inocultable trabajo paciente que labra la palabra de un modo inusual en el actual panorama de la poesía venezolana.

Por los poemas de este libro transita un entusiasmo dionisìaco que danza celebrando las pulsiones vitales de la humana condición reafirmando el vitalismo esencial de una estètica que prioriza la belleza por encima de los impulsos tanàticos de este tiempo lúgubre y atroz que se cierne sobre estas tristes y melancólicas aceras del orbe.

 

 

 

 

Para leer y comprender la poètica de Jairo Rojas Rojas.

Jairo Rojas Rojas: La O azul o el cielo redimido

 

Rafael Rattia

 

Leo el poemario “La O azul”, del poeta joven venezolano Jairo Rojas y no me cansa el asombro, por supuesto grato, -que digo, gratísimo-

Paul Celan, Artur Rimabud, San Juan, Lucien Silberg, abren el libro, la maravillosa experiencia de lenguaje con sendos epígrafes que no dejan resquicio a la duda. Se trata de un texto con-texto mundo de inequívoca raigambre mìstica pero, apresurémonos a decirlo, no de un misticismo a la usanza tradicional. Se advierte en las inusuales páginas de este raro libro una mìstica del viento, de la noche, de las piedras, de la tristeza; en fin, se proclama aquí en estos poemas de Rojas Rojas “otra” mìstica màs cercana al poema que a la oración religiosa. ¿acaso el poeta postula una como religiosidad sin religión, una irreverencia reverencial de una índole aùn no tipificada por la crìtica?

En este libro el poema es un canto sosegado trastrocado en religión sin dios ni amo ni idolatrìa. La palabra se nombra a sì misma como en ejercicio de delirante autotelismo nombrante. Asì como –mutatis mitandis- Octavio Paz escribió “Blanco en lo blanco” con la inigualable maestrìa del matiz expresivo que caracterizò al Maestro mexicano universal, asì mismo Rojas Rojas nos refiere la O azul como representación metafórica de la extensión infinita del firmamento, de la làmina celeste que ve sin cesar a quienes tampoco cesamos de verla mientras transitamos nuestra experiencia humana. El azul de Rojas es “azul sobre azul” que se prolonga sobre sì mismo ad infinitum.

Tambièn se dejan leer en este libro, ya lo dijimos, uno y múltiple, varios libros coexisten en contraste y armonía en uno solo. Imàgenes subyugantes como estas:

“para tener, por fin, los pies sobre la tierra

Sobre

Azul sobre azul agua azul”.

El escritor nos entrega una palabra pulquérrima, cortante, despojada de ripios de lenguaje. La inveterada pulcritud verbal se adueña de cada texto poético como una consecuencia lógica de un inocultable trabajo paciente que labra la palabra de un modo inusual en el actual panorama de la poesía venezolana.

Por los poemas de este libro transita un entusiasmo dionisìaco que danza celebrando las pulsiones vitales de la humana condición reafirmando el vitalismo esencial de una estètica que prioriza la belleza por encima de los impulsos tanàticos de este tiempo lúgubre y atroz que se cierne sobre estas tristes y melancólicas aceras del orbe.

 

 

 

 

Una antologìa de reciente apariciòn en Colombia.

Poetas venezolanos contemporáneos

 

Rafael Rattia*

 

 

Altamente encomiable y digno del mayor reconocimiento el proyecto editorial que viene adelantando la Fundaciòn Comùn Presencia Editores en mancomunados esfuerzos con la hermosísima Colecciòn Los Conjurados a cargo de los admirables guardianes de la poesía latinoamericana Amparo Osorio y Gonzalo Màrquez Cristo.

Los autores de esta enjundiosa antología de poesía son dos escritores venezolanos harto conocidos, -y por què no decirlo también con justicia, reconocidos- en el medio literario nacional; Adalber Salas Hernàndez (1987) y Alejandro Sebastiani Verlezza, quienes como antologadores explican y justifican,  en el pròlogo y el epìlogo, respctivamente, los criterios y parámetros estèticos que le indujeron a seleccionar estos y no otros poetas para la publicación de esta muestra antológica que ostenta no pocas singularidades. El libro todo es una discreta obra de arte. Desde la bellísima portada que exhibe una obra pictórica de nuestra connotada artista plàstica Patricia Van Dalen hasta el cuidadoso y dos elementos que no abundan en el diseño editorial en físico (papel)  de estos últimos años. El subtìtulo del libro es asaz elocuente: “tramas cruzadas, destinos comunes”. Ciertamente, de los 31 poetas seleccionados para integrar esta antología, sòlo 9 de ellos nacieron antes de la década del `60 del pasado siglo, a saber: Julieta Leòn, Santos Lòpez, Luis Alejandro Contreras, Marìa Auxiliadora Àlvarez, Maritza Jimènez, Verònica Jaffè,  Beverly Pèrez Rego, Dinapiera Di Donato y Nidia Hernàndez.

Uno de los evidentes propósitos que busca el espíritu del libro es que el lector se interrogue en el devenir de su lectura: ¿de dónde vienen estas voces y hacia  dónde se dirigen? Leyendo estas 230 pàginas de fulgurante poesía venezolana, el lector se siente sobrecogido por la hechizante luminosidad de la palabra tropológica viviente. Todos los poetas reunidos en este vademécum lìrico están vivos y en plena efervescencia creativa. Algunos de ellos viven en exilio forzoso o voluntario, otros en una especie de “exilio interior” o metafísico.

Como certeramente sostiene Alejandro Verlezza en el epìlogo de este libro, el coro inevitablemente polifónico de voces que “pueden ser consideradas desde ya fundamentales en nuestro panorama intelectual y afectivo” y muchas de ellas “ya tienen un perfil propio, y hay que decirlo, muchas han encontrado una “estabilidad” en el territorio de la cultura y a su vez mantienen intactas sus potencias y su empuje.”

Finalmente, a modo de coda, solo resta saludar con beneplácito y entusiasmo que enhorabuena un libro de esta índole advenga a la superficie de nuestro alicaído panorama literario nacional.

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*Historiador, poeta y ensayista.

 

Lectura sobre “EL OJO DEL MANDRIL”.

Antes intempestivos sobre “El ojo del Mandril”IMG_3477

 

Rafael Rattia*

 

La escritora venezolana Laura Cracco (Barqusimeto, 1960) no necesita presentación en el ámbito de las letras venezolanas; pues el lector de poesía y narrativa, medianamente avisado, conoce su nada desdeñable aporte al panorama de nuestra literatura nacional desde sus bienaventurados libros de poesía, mìticos ya, memorables siempre, inolvidables, “Mustia memoria” (1985) “Diario de una momia” (1989) “Safari Club” (1993).

El libro se inicia con un epígrafe de Sòfocles y està merecidamente dedicado In memoriam de nuestro valeroso héroe civil Franklin Brito quien con sòlo tres palabras, “sòlo quiero justicia”, conmocionó al mundo durante una larga y penosa huelga de hambre que finalmente lo condujo a la autoinmolación por inanición ante un Estado despótico y totalitario que lo despojó injustamente de sus tierras de labriego.

Aunque etariamente, Laura y yo pertenecemos a una misma generación no deja de sorprenderme la impresionante cercanía de su prosa narrativa a una distinguida familia clasicista dentro del abigarrado árbol genealógico de la cuentìstica latinoamericana del siglo XX y XXI.

Medio centenar de relatos de lacónica extensión, a lo sumo una página y media o dos máximo, conforman esta brillante antología de relatos cuyo eje temático transversalizador e identificatorio es el ojo y su mirada. Asì como el eautontimoroumenos de Baudelaire, donde la herida y el puñal son una y el mismo; en “El ojo del mandril”, de Laura Cracco, “el ojo es mudo, nada puede decir, nada puede hacer sino ser un ojo, único, solitario prisionero encierra la visión”.

La prosa narrativa de Cracco exhibe una hermosa tersura sintáctica y una inusual economía de lenguaje que la coloca a la altura de Augusto  Monterroso –mutatis mutandis- distancias de rigor de por medio. Con este tipo de discurso literario no hay que escatimar encomios; altamente laudable es este universo ficcional de nuestra escritora venezolana, actualmente residenciada en España. El lector  que lee con rigurosa fruición estas deslumbrantes páginas de auténtica ficción narrativa, no se pueden leer estos relatos de otro modo, queda tocado por un halo de gratitud a los poderes ficcionales de Cracco.

El relato titulado “Tierna traición” es un relato que atrapa la atención del lector por sus múltiples aciertos en el despliegue de su trama anecdótica. Pero no es sòlo este relato. “Allison” es otro relato que se teje en la red virtual, específicamente en la ubicuidad de Facebook y que exhibe una profunda indagación psicológica del personaje que otorga sentido de verosimilitud al relato. Ningún cuento deja indiferente al lector; cada uno en su punto y a su manera te engancha y te sugiere aristas significativas de universos sustantivos de la vida de este lado  del mundo; de este lado de lo real. Mucha fascinación en estos relatos de este compendio antológico, pero también no pocos logros y aciertos propositivos, tales como esas novedosas miradas literarias sobre la contemplación de un cuadro de Munch por ejemplo, o las reverberaciones imaginarias de una irreverente y heterodoxa frase de Francis Bacon.

Leo con insistencia singular el texto titulado “El general que leìa poemas” y me acrecienta la admiración hacia esa peculiar capacidad taumatúrgica de la escritora. No sòlo la certera y diáfana tematización del anecdotario que atraviesa la cincuentena de inquietantes y hermosos relatos, es también y especialmente el uso magistral del lenguaje, la pulcritud en el empleo de los adjetivos, el carácter transgenèrico del discurso es un rasgo distintivo que llama poderosamente la atención del lector. Enhorabuena adviene a la superficie de nuestro panorama literario este munífico ramillete de magnificencias ficcionales que Laura Cracco coloca ante el ojo del lector que habita este lúgubre tiempo de “revolución” y desolación que se abate sobre Venezuela.

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(*) Lic en Historia (Universidad de Los Andes, 1989) Poeta y ensayista. Actualmente cursa una Maestrìa en Educaciòn en la UPEL, mención “enseñanza de la Geo-Historia”.