Verbo martirizado

verbo martirizado.    Por: Rafael Rattia.                 

En medio de la tormenta mi lengua zozobra y se adormece en el fondo de las aguas turbias en los días de desequilibrio orgánico mi lengua enmudece y se niega conmigo ella duerme un sueño imperturbable y habla el idioma mudo de mis muertos sempiternos cuando el rumor sórdido del tumulto profiere sus ruidos estridentes mi lengua habla despacio vocablos inteligibles. Mi lengua piensa lo que dice pero no dice todo lo que piensa por temor a ser cercenada por la daga  implacable de los monjes itinerantes del poder decrépito. Mi lengua calla cuando escucha inauditos tropeles de potros insomnes cabalgando llanuras incendiadas por rencores seculares. Mi lengua y tu lengua transterrada se esconde de las órdenes altisonantes del vituperio indómito  huye mi lengua y boga aguas arriba en bajeles de angustia hacia el mar de los sargazos.

Un poema de Rafael Rattia

Caìda inexorable

Por: Rafael Rattia(*)

Los verè caer desde las altas esferas gubernamentales

Caeràn como decenas a diestra y siniestra

Como frutos pútridos pasado el tiempo de su cosecha

Caerán sin permiso sobre las cabezas de los ofendidos

Sus cràneos rapados ostentaràn llagas purulentas

Por cada moneda mal habida en sus arcas ocultas

Sus cuerpos ambulantes serán amasijos de nervios

Escarnecidos por las turbas burladas por los siglos

Mohosos y aherrojados por la saeta vil del socialismo

Militar

Los verè caer sin clemencia

Y sus ojos vidriosos suplicaràn el perdón ausente de

Los hijos abortados por la mano cruel de los verdugos

Insomnes

Cada dìa traerà consigo sus decenarias caídas y sus

Nombres sòlo serán cifras marcadas en libros

Mortuorios de los cementerios cubiertos por los montes

Extraviados entre las brújulas alocadas de la memoria.

Caeràn, uno a uno, caerán por decenas, centenas, caerán por cientos de miles, como bachacos insolentes bajo el incendio

Azul de las llamaradas del mediodía lúgubre

Inexorablemente caerán desde sus mullidos asientos ministeriales caerán como termitas voraces que huyen

Del fuego abrasador de la insania social desatada por furias

Indescriptibles

Las babas petrificadas de sus progenitores

Serán rìos de culpas insodables en la conciencia de

Las legiones de los herederos de las pestíferas criaturas

Que dilapidaron los erarios públicos

Huiràn como quien huye de la peste bubónica

Bailaràn la danza macabra de la culpa tardìa e inútil.

¡La perfidia no pasarà!

CONTRA LOS ESCRITORES FILOTIRÀNICOS.
Escritores oficialistas-gubernamentales, oxìmoron demagògico, manifiesto por la paz y la vida; la paz de los sepulcros de venezolanos asesinados por la mano del hampa y de los gendarmes custodios de la vida dolarizada de quienes distrajeron 25 mil millones de dòlares de las arcas patrimoniales de la naciòn. Escritores subsidiados por la nòmina de la ignominia. Vergonzantes tinterilleros de la canonjìa y de la trapa. Espectros leguleyos de la comarca desolada y atribulada por la escasez. Apologetas de la tristeza. Paladines del birlibirloque. Justificadores del maltrato al idioma y explicadores de las impropiedades de la lengua ofìdica ministerial y palaciega. Escritores enemigos de la patria. Escritores delatores, filotirànicos, amantes de la tortura cruel y de la insania psìquica. Escritores de la perfidia y la inquina. Enterradores de la paz y bebedores de la sanguaza sanguiñolenta de los jovenes estudiantes que “viven” antes de tiempo su muerte a manos del esbirro. Cuando despertè todavìa el escritor estaba ahì fumàndose sus mìseros bolìvares devaluados emborronando sus cuartillas exegèticas de la muerte.

Por amor

Feliz dìa del amor y la amistad.

Por: Rafael Rattia

Por amor me he privado de las mieles màs anheladas
por amor he perdonado las ofensas màs crueles
por amor he esperado el lacerante paso de horas interminables
por amor he padecido los dolores inenarrables
por amor he sido humillado como nadie lo ha sido
por amor he viajado hasta los ùltimos confines
por amor he vuelto a suplicar hasta las làgrimas resecas
por amor esperè lo que nadie espera nunca
por amor seguì las manecillas del reloj en mi imaginaciòn
inventando horas inexistentes
por amor he viajado hasta inframundos desconocidos
por amor volvì a confiar en el pèrfido cruel
por amor he declinado las tentaciòn infausta
por amor he ido a la cima màs alta
por amor me he ahogado en los acantilados de
futuros preteridos
por amor me levanto una y otra vez y no me doblego
por amor muero y resucito en cada alba de la ciudad
martirizada
por amor me duele la tortura del otro
por amor cedo mi lugar para que hable el ofendido
por amor espero y me aferro a la ilusiòn
de crear y recrear el enigma que enciera la vida.

Mi Parìs

MI PARÌS
por: Rafael Rattia

Yo llevo una ciudad que ilumina mi cabeza caliente
en las noches de insomnios
Yo paseaba por los Jardines de Luxemburgo y platicaba con los
càtaros del mediodìa francès sobre los colores de la tarde febril
incendiando el cielo parisino.
Tambièn fumaba los tabacos aromàticos a orillas del Senna
comenzando el Otoño con sus tristes mañanas
Las dulces ebriedades de los Atlas inexistentes abiertos en el
Bulmichel y la lejura hincando duro en mi fràgil de memoria de aventado por los vientos de las regiones extraviadas
Yo lancè un adoquin nostàlgico contra los ventanales de la Academia
desvencijada que resguardaba apolilladas declinaciones aristocràticas.
Montaigne gustaba de caminar bajo la càlida luz de la mañana lùgubre
y escribir en las paredes de sus recuerdos irreductibles
Hubo una ciudad que viviò en mi como otra vida antes de mì
La taberna y el ajenjo; los cuadros al òleo de mi infancia en Marseille
Mis cuadernos interminables y mis làpices de grafito abandonados
en cada mudanza
Mis diccionarios extraviados en cada monaterio
y mis promesas incumplidas siempre de volver al Barrio Latino
que nunca habitè.
Toda Parìs no vale una làgima negra de un clochard lamentando la pèrdida de su mater linguae.
Ahora sueño despierto con volver a mi Parìs ideal, ficticia
comer un Croissant y tomar una taza de tè en la mesa solitaria del
“Cafè de Florè” justo en la esquina donde gustaba sentarse Sartre
a meditar sur la nausèe de la existencia humana.
Mi Parìs ìntima, mi ciudad amada y odiada hasta el asco
ya no existe màs; sòlo vive en los efluvios de mis cavilaciones.