Poemas del amor y de la muerte

AQUELLOS BESOS

 

 

Aquellos besos que me diste

En mi boca ebria de teluria

Pasada la tormenta de los ojos inquisidores

Se los llevò la corriente salobre del olvido

En tu casa de viuda atormentada

No queda  recuerdo alguno

A dònde fueron tus besos clandestinos

De posada barata y hosterìa escondida

En cuàles paredes descarchadas

De hoteles de paso, de la mala muerte

Quedaron escritos tus labios carmesì

De promiscuo olvido

Busco tus besos carnestolendos de

Bambalinas y Stell Band en los pliegues

Oscuros de mi memoria y no se repiten

Tus besos de medio siglo y de aquelarres

Tus besos de eclesiástica culpa y cambulè

Extraviados entre los antifaces fluviales

A orillas del Malecòn con mùsicas celestes

Que vibraban en las caderas de tus cómplices

Hermanas de profesión indomable

A dònde fueron a parar tus enigmáticos besos

De náyade proscripta de la nave del fervor

Prohibido por nuestros hijos huérfanos

Què se hicieron los besos que nunca me diste

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bogar triste

 

 

Bogo triste y melancólico

Por las inmemoriales riberas de

Mi lejano Delta

Bogo lento displicente

Hacia la tercera orilla del rìo

De mi infancia libérrima

Bogo bogando cual bogavante

Herido por la nostalgia

Indígena del exiliado de su

Tierra fluvial

Bogo con el calmo desespero de la

Bora que se refleja en el espejo

Acuático

Bogo por entre las páginas del

Libro ilegible ancestral

De mi vida ágrafa y escribo

Sobre los piélagos azarosos del agua

Dulce que desespera por hacerse

Salada y amarga

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una bandera negra

 

Este impasse perenne

Que lastima cruelmente

Mis días de oscuro claustro

Este desasosiego que subsume mi ánimo en

Mieles de angustia

Estos grilletes de mi desesperanza

Que aprietan las coyunturas de mi ser

Atormentado por los garfios de

Mis llagas sangrantes

Camino lerdo y desanimado

Por senderos escépticos y bebo

De los pozos profundos donde abrevan

Los orates internos desahuciados de los

Hospicios clausurados por la desdicha

Del rebaño igualitario

Yo también era la lepra incurable y

Supurante de la incredulidad

La bandera negra de la derrota definitiva

El remero del adiós que viajaba

Al país de nunca jamás

Era el mar tembloroso e invisible y

La llanura dormida esquizofrénica de

Mis yoes escindidos eviccionados

Del paraíso decrépito.

 

 

 

 

 

Aquellos besos que me diste

Aquellos besos que me diste

En mi boca ebria de teluria

Pasada la tormenta de los ojos inquisidores

Se los llevó la corriente salobre del olvido

En tu casa de viuda atormentada

No queda  recuerdo alguno

A dónde fueron tus besos clandestinos

De posada barata y hostería escondida

En cuáles paredes pintarrajeadas

De hoteles de paso, de la mala muerte

Quedaron escritos tus labios carmesí

De promiscuo olvido

Busco tus besos carnestolendos de

Bambalinas y Steel Band en los pliegues

Oscuros de mi memoria y no se repiten

Tus besos de medio siglo y de aquelarres

Tus besos de eclesiástica culpa y cambulè

Extraviados entre los antifaces fluviales

A orillas del Malecón con músicas celestes

Que vibraban en las caderas de tus cómplices

Hermanas de profesión indomable

A dónde fueron a parar tus enigmáticos besos

De náyade proscripta de la nave del fervor

Prohibido por nuestros hijos huérfanos

Qué se hicieron los besos que nunca me diste

 

 

 

 

 

ESTE ES EL REINO QUE ME HABITA

 

Este es el reino que me habita

estos panes ácidos endurecidos por la desdicha

de un país lastimado por la discordia

lacerado hasta sus huesos famélicos

Este terror sanguíneo que arrincona mis células

en sus últimas celdas del horror

Este resto de vida maleada que nos queda de

saldo insuficiente

Este río turbio atiborrado de peces muertos

pútridos y malolientes

Estas calles de todos y de nadie

habitadas por los espectros de antiguos fedayines iluminados

Nostálgicos de un tiempo propicio al desvarío que más

nunca volverá a ser lo que fue

Este desasosiego que lastima cruelmente mi alma

indómita es un pedazo roto, hecho jirones

del reino que me habita

cuales hervores en las venas ansiosas

por salirse de sus cauces

en sus deseos postergados

por cobrar deudas pendientes

provenientes del fondo insondable de los siglos

Estos legionarios de los famélicos ejércitos infantiles

que toman las calles con sus brazos tendidos

bajo las luces

rojas de los semáforos

mendicantes con ojos desorbitados

febriles alucinados

por la incertidumbre de saber a dónde los lleva el destino

de su presente mortinato

El óxido que destilan las cúpulas celestes cae sobre las

cabezas de nuestros hijos decapitados por la desesperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este impasse peremne

Que lastima cruelmente

Mis días de oscuro claustro

Este desasosiego que subsume mi ànimo en

Mieles de angustia

Estos grilletes de mi desesperanza

Que aprietan las coyunturas de mi ser

Atormentado por los garfios de

Mis llagas sangrantes

Camino lerdo y desanimado

Por senderos escépticos y bebo

De los pozos profundos donde abrevan

Los orates internos desahuciados de los

Hospicios clausurados por la desdicha

Del rebaño igualitario

Yo también era la lepra incurable y

Supurante de la incredulidad

La bandera negra de la derrota definitiva

El remero del adiós que viajaba

Al país del nunca jamàs

Era el mar tembloroso e invisible y

La llanura dormida esquizofrénica de

Mis yoes escindidos eviccionados

Del paraíso decrèpito.

 

 

 

 

 

 

 

ESTA CIUDAD QUE AMO Y ABORREZCO

 

Esta ciudad donde malvivo y muero de mengua

Por el tiempo infame que corroe mis bajos deseos

De bestia herida por la incertidumbre

Esta ciudad que duerme a deshoras y testifica

Los terribles descuartizamientos en sus esquinas

Malolientes y sus hetairas embalsamadas de

Una tiranía inhóspita

En esta ciudad de vísceras colgantes

Sobre las cabezas esquizofrénicas de sus

Adolescentes degollados por la desdicha y el desamor

De sus padres tumefactos todos mastican sus decrépitas

Hostias bajo los fornicios de la desolación y el abandono

Esta ciudad de sexo purulento y de lenocinios

Municipales gratis para los hijos de sus descendientes

Selectos, aristócratas, ataviados de orlas capitalinas

En esta ciudad terrible de ángeles caídos

La gente que la habita carece de aulladeros

Comunales donde estrangular su pálida y demacrada

Fe en el futuro cenagoso y pestífero que aparece en los

Sueños diurnos de los domingos vituperados por

Las lluvias mortuorias del semen de sus gobernantes

Caídas sobre las cabezas atolondradas de sus

Infértiles habitantes

 

 

 

 

 

 

Grietas en la muralla

 

Las murallas de la existencia se agrietan como la vida misma

Cada grieta ahonda el dolor de estar vivo

El dolor de vivir duele hondo  màs allà de lo indecible

La cicatriz abierta del vivir sangra y palpita en la queja

Antigua que no cesa

La vida es un dolor que camina lento por los

Senderos de la duda incierta

Còmo decir eso que no se puede decir

La angustia de vivir sin certidumbres

Hiere cruelmente la existencia de los días

Frágiles

El reino del padecimiento es el reino

Terrenal del vivir contra morir

Pero pocos nacemos con la señal de la muerte

Marcada en nuestro destino mortinato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Incendiar el cielo

 

 

Incendiar el cielo, prenderle candela a los continentes y a las estrellas

Con una sola palabra

Me basta

Una sola y única palabra que sirva de mecha incendiaria

Es suficiente para volverlo todo cenizas

Escombros, pilares derruidos crepitando entre el fuego

Universal que abrasa y destruye todo cuanto es susceptible de

Ser arrasado por las llamas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La corriente del exilio

 

El río turbio llevaba sus raudales

Con violentas corrientes  irascibles

A puertos desconocidos

Cada día   cada noche   cada nuevo amanecer

La insistencia del río me golpeaba raudo contra

Los tristes mosures de la desdicha

Y las flores mortecinas de La Bora celeste

Vaciaban sus fragancias melancólicas en mis

Alforjas imaginarias

El espejo inmóvil que siempre me refleja

Devuelve infinitas imágenes de otro tiempo

Que sigue fluyendo en mis venas de indómito

Aborigen trashumante

Yo bogo contracorriente por entre los meandros

De una ciudad hostil enclavada sobre los

Arrecifes de una discordia sin fin que naufraga

Implacable la nave de la estulticia

Mi hogar es un lugar inaccesible  un espacio sin espacio

Una forma que se desconoce y se esfuma cuando apenas

Intenta nacer en mí

Yo soy el Beduino fluvial que vive itinerante

Huyendo de sí mismo

El meteco hostigado por los poderes terrenales

Del hombre

La lengua mancillada que se impide narrar

Su incertidumbre acuática

Yo soy esto que no puedes ver

 

 

Los poetas de mi país

 

Vivo en un país donde sus poetas son catalogados

Según sus actitudes y posturas políticas ante la

Revolución

O eres apátrida y pitiyanky que en realidad quiere

Decir “petit yankee” o eres rodilla en tierra

O eres revolucionario o contrarrevolucionario

Vivo en un país donde no es posible el tèrmino

Medio: o estàs con la “patria” o con la muerte

En mi país es un delito ser nini

Sòlo los enchufados pueden darse el lujo de

Proclamarse “non plus ultra”

En el país que habito està prohibido pensar

Con cabeza propia

Quien osa decir esta boca es mìa no tiene

Derecho a comer

Vivo en un país donde tomar una fotografía

Puede costarte la vida a manos de un

“patriota cooperante, un país extraño

En verdad; nadie sabe quièn es quièn en la

Cola para comprar las escasas viandas

Los poetas de mi país emigran sigilosos

Se llevan sus versos encaletados entre los

Pliegues de sus raìdas gabardinas desteñidas

Por el tiempo implacable de la revolución

Los poetas de mi país dicen no tener país

Que hasta su modo de caminar se lo deben

A los chinos

Los poetas de mi país hablan con miedo

De ser delatados por los “poetas” de su propio

País

En mi país sus poetas no se llaman hermanos

Como se tratan los se denominan los

Camaradas, compatriotas y compañeros  de las

Congregaciones y los templos iconoclastas de la

Otra iglesia

Los poetas de mi país rinden culto y pleitesía

A un dios embalsamado, -dicen las malas lenguas

Que liquidado en el Mar de Las Antillas

Los poetas de mi país se esquilman mutuamente

Y se miran de reojo y se tildan de pèrfidos

Y se odian entre ellos mismos

Y se odian a sì mismos

Y se siquitrillan   y se maldicen y se lastiman

Y se lanzan epítetos y denuestos infames

Los poetas de mi país se paran a discreción

Ante los capitanes y tenientes  y dicen: “rumbo

Al socialismo bolivaresco”

Los poetas de mi país

Se quedan dormidos ante el sol quemante del

Mediodía en procura de un cupo electrónico

En dólares para comprar un frasco de esencia

De Sàndalo en tiendas de Marruecos para agradar

A los asistentes de los saraos dominicales de

Las cadenas televisivas

Los poetas de mi país son seres esquizotìmicos

Que dicen sì cuando quieren decir no y viceversa

 

Los poetas de mi país no se suicidan como

Lo hacen los poetas de otras latitudes

Los poetas de mi país no saben lo que es

La cicuta, nunca han acariciado una idea

Mortal y peligrosa porque, salvo contadas

Excepciones  hace algunas lunas se marcharon

Al transtierro y vuelan otros cielos y otras nubes

Y otras ansiedades allende los mares de la melancolía

Los poetas de mi país aprendieron a decir sì mi Don

A fuer de chantajes y canonjías los poetas de mi país

Dicen sì camarada, claro que sì don Ramòn

Por su puesto mi Don y brindan y se atragantan de tequeños

En los bautizos de los folletos ideológicos y las cartillas

De propaganda que edita la imprenta nacional del Partido

Único de la revolución

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TRES POEMAS

 

 

 

Una crispación de remero insomne

Que boga siempre contracorriente

Un dolor antiguo que resiste a su extinción

Una lepra que camina sobre las aguas detenidas

Por la melancolía indígena de mis ancestros

Y reside en mí el reino del padecimiento

Que no muda de piel

El dolor otra vez fisiológico

La queja inextinguible que no cesa jamás

Y lastima cruelmente mi vida metafísica

De meteco alucinado

Vivo en el reino del sufrimiento

En el país del dolor secular

Mi herencia es este amasijo de nervios descoyuntados

Este vertedero de ansiedades que huyen despavoridas

Hacia las regiones imaginarias de la diáspora.

 

 

 

Cola al revés

Esto también lo vaticino

Ellos, que también esquilamron el

Rebaño de sus mejores galas

¡No pasaràn!

Atisbo el dìa que en también hagan colas

No tan largas como las que hacen los

Habitantes decapitados del país extraviado

Para ir al cadalso, temblorosos, con ojos vidriosos,

Seguros de toda certidumbre, de su horca inexorable

Està visto por entre los ceñidos pliegues de la historia

Patria abominable se adivinan los gemidos llorosos

De los antiguos perseguidores implorando una clemencia

Que nunca quisieron otorgar a sus adversarios en los días

De gloria efímera

Apuren sus cálices rebosantes de heces diabólicas

Grandísimos hijos de puta

Que luego no habrá tiempo para el perdón ni  olvido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La corriente del exilio

 

El río turbio llevaba sus raudales

Con violentas corrientes  irascibles

A puertos desconocidos

Cada día   cada noche   cada nuevo amanecer

La insistencia del río me golpeaba raudo contra

Los tristes mosures de la desdicha

Y las flores mortecinas de La Bora celeste

Vaciaban sus fragancias melancólicas en mis

Alforjas imaginarias

El espejo inmóvil que siempre me refleja

Devuelve infinitas imágenes de otro tiempo

Que sigue fluyendo en mis venas de indómito

Aborigen trashumante

Yo bogo contracorriente por entre los meandros

De una ciudad hostil enclavada sobre los

Arrecifes de una discordia sin fin que naufraga

Implacable la nave de la estulticia

Mi hogar es un lugar inaccesible  un espacio sin espacio

Una forma que se desconoce y se esfuma cuando apenas

Intenta nacer en mí

Yo soy el Beduino fluvial que vive itinerante

Huyendo de sí mismo

El meteco hostigado por los poderes terrenales

Del hombre

La lengua mancillada que se impide narrar

Su incertidumbre acuática

Yo soy esto que no puedes ver

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REVOLUCIÒN Y DISIDENCIA

Revoluciòn y disidencia

RAFAEL RATTIA

 

Históricamente, desde los albores de las primeras “revoluciones” sociales y políticas que se han suscitado en el planeta, todo “vértigo revolucionario” trae consigo una réplica “contrarrevolucionaria”; toda ortodoxia política genera de suyo una irreverencia heterodoxa. Las utopías son esencialmente una réplica mental a todo lo instituido por la fuerza del hábito y la costumbre de la tradición.

Desde los tiempos de la Comuna de París, pasando por la “revolución de Octubre” hasta este remedo de revolución bolivariana, la experiencia ha demostrado hasta la saciedad que toda pretensión compulsiva de imposición autoritaria de un modelo político de gobierno ha terminado, inexorablemente, por crear una antítesis reactiva y no pocas veces violenta a la lógica del poder que ha pretendido instituirse por vías de facto. Por ser la sociedad una miríada de intereses polivalentes es obvio pensar que los proyectos de corte autoritario no gozan del beneplácito ni del aval de las sensibilidades democráticas que se han forjado en el fragor de la vindicta pública. Venezuela viene deslizándose peligrosamente hacia esos terribles abismos de anomia social e ingobernanza política e institucional. La ausencia de credibilidad en la norma fundamental que debe regir el funcionamiento jurídico-polìtico del país va ganando terreno y adquiriendo ribetes de extraordinaria reprobación por parte de una cada vez màs amplia franja de ciudadanos que confiesan vox populi su hastìo y cansancio de tanta inviabilidad e impertinencia del modelo de convivencia societal. La impunidad va creando las condiciones para la proliferación de voluntades individuales que cada día esgrimen razones argumentativas para la desobediencia civil, la disidencia política y el quiebre del consenso constitucional. Es sumamente peligroso para la imprescindible estabilidad institucional cuando en una nación sus habitantes se van acostumbrando a violar la ley y, consecuencialmente, transgredir alegremente las normas, acuerdos y pactos de coexistencia pacífica y civilizada en los ciudadanos de dicha nación. Se va tejiendo una subcultura de secretas y muchas veces evidentes y flagrantes complicidades corruptas entre los individuos investidos de poder para que garanticen la estricta observancia y riguroso cumplimiento del ordenamiento jurídico pactado en la carta fundamental y ello es caldo de cultivo para que sobrevenga el clima de irrespeto e intolerancia entre las más disímiles corrientes de pensamiento y prácticas sociales y culturales irremediablemente condenados a vivir en un espacio geográfico determinado.

Usted, amable y paciente lector de estas intempestivas líneas, debe recordar cuando en ambiente político venezolano de hace menos de una década la palabra “escuálido” denotaba un cognomento descalificador que situaba a quien era calificado de tal entre alguien poco menos que portador de una extraña y maldita enfermedad incurable que avergonzaba al resto de la sociedad. La gente se te acercaba y susurraba en voz baja y casi al oído, sotto voce, inquiriendo si eras “escuálido” para referirse al ciudadano opositor a las pretensiones del socialismo totalitario. Las palabras también van adquiriendo y/o perdiendo sentido y pertinencia de legalidad sociolingüística según vaya mutando el tejido discursivo que envuelve a una sociedad constituida por unos hablantes que comercian cotidianamente merced a unos actos de habla susceptibles de cambiar conforme lo va haciendo la vida del corpus social mismo. Vemos còmo se van vaciando de sentido y resemantizando al calor de la confrontación de los miembros de una comunidad de habla de un país, una familia, un clan, o una organización comunitaria, o un partido político. Todo va cambiando y el lenguaje no se queda atrás, la red de significaciones que nos asisten en nuestras vidas diarias también lo hacen con màs o menos vertiginosidad; el tempo lexical lo va imprimiendo la complejidad de la dinámica cultural atravesada transversalmente por pugnas y fricciones de sentido en juego dentro de los antagonismos sociales e individuales.

REVOLUCIÒN Y DISIDENCIA

Revoluciòn y disidencia

RAFAEL RATTIA

 

Históricamente, desde los albores de las primeras “revoluciones” sociales y políticas que se han suscitado en el planeta, todo “vértigo revolucionario” trae consigo una réplica “contrarrevolucionaria”; toda ortodoxia política genera de suyo una irreverencia heterodoxa. Las utopías son esencialmente una réplica mental a todo lo instituido por la fuerza del hábito y la costumbre de la tradición.

Desde los tiempos de la Comuna de París, pasando por la “revolución de Octubre” hasta este remedo de revolución bolivariana, la experiencia ha demostrado hasta la saciedad que toda pretensión compulsiva de imposición autoritaria de un modelo político de gobierno ha terminado, inexorablemente, por crear una antítesis reactiva y no pocas veces violenta a la lógica del poder que ha pretendido instituirse por vías de facto. Por ser la sociedad una miríada de intereses polivalentes es obvio pensar que los proyectos de corte autoritario no gozan del beneplácito ni del aval de las sensibilidades democráticas que se han forjado en el fragor de la vindicta pública. Venezuela viene deslizándose peligrosamente hacia esos terribles abismos de anomia social e ingobernanza política e institucional. La ausencia de credibilidad en la norma fundamental que debe regir el funcionamiento jurídico-polìtico del país va ganando terreno y adquiriendo ribetes de extraordinaria reprobación por parte de una cada vez màs amplia franja de ciudadanos que confiesan vox populi su hastìo y cansancio de tanta inviabilidad e impertinencia del modelo de convivencia societal. La impunidad va creando las condiciones para la proliferación de voluntades individuales que cada día esgrimen razones argumentativas para la desobediencia civil, la disidencia política y el quiebre del consenso constitucional. Es sumamente peligroso para la imprescindible estabilidad institucional cuando en una nación sus habitantes se van acostumbrando a violar la ley y, consecuencialmente, transgredir alegremente las normas, acuerdos y pactos de coexistencia pacífica y civilizada en los ciudadanos de dicha nación. Se va tejiendo una subcultura de secretas y muchas veces evidentes y flagrantes complicidades corruptas entre los individuos investidos de poder para que garanticen la estricta observancia y riguroso cumplimiento del ordenamiento jurídico pactado en la carta fundamental y ello es caldo de cultivo para que sobrevenga el clima de irrespeto e intolerancia entre las más disímiles corrientes de pensamiento y prácticas sociales y culturales irremediablemente condenados a vivir en un espacio geográfico determinado.

Usted, amable y paciente lector de estas intempestivas líneas, debe recordar cuando en ambiente político venezolano de hace menos de una década la palabra “escuálido” denotaba un cognomento descalificador que situaba a quien era calificado de tal entre alguien poco menos que portador de una extraña y maldita enfermedad incurable que avergonzaba al resto de la sociedad. La gente se te acercaba y susurraba en voz baja y casi al oído, sotto voce, inquiriendo si eras “escuálido” para referirse al ciudadano opositor a las pretensiones del socialismo totalitario. Las palabras también van adquiriendo y/o perdiendo sentido y pertinencia de legalidad sociolingüística según vaya mutando el tejido discursivo que envuelve a una sociedad constituida por unos hablantes que comercian cotidianamente merced a unos actos de habla susceptibles de cambiar conforme lo va haciendo la vida del corpus social mismo. Vemos còmo se van vaciando de sentido y resemantizando al calor de la confrontación de los miembros de una comunidad de habla de un país, una familia, un clan, o una organización comunitaria, o un partido político. Todo va cambiando y el lenguaje no se queda atrás, la red de significaciones que nos asisten en nuestras vidas diarias también lo hacen con màs o menos vertiginosidad; el tempo lexical lo va imprimiendo la complejidad de la dinámica cultural atravesada transversalmente por pugnas y fricciones de sentido en juego dentro de los antagonismos sociales e individuales.

UNA CIENCIA DEL PRESENTE

Una ciencia del presente

Rafael Rattia  @rattia

 

De todos los animales que conforman la escala zoológica de la vasta e insondable mater natura es el zoom politikon, es decir homo sapiens, el que dispone para sì y sus congéneres de la potencia ilimitada de racionalidad y  despliegue teórico-metodològico de los recursos intelectuales del discernimiento, la disección analítica, la interpretación, la crìtica y su correspondiente autocrìtica. Homo rationalis es también homo linguisticus. El hombre que piensa es también el hombre capaz de hablar y de hablar bien, correctamente. Hablo porque pienso y pienso con cabeza propia, con autonomía criteriològica.

Nunca nos dijeron que había una ciencia del presente; nos vendieron la socorrida idea de que la historia era el estudio científico de los hechos humanos desde una perspectiva teórico-metodològica fundada únicamente en el pretèrito. Leìmos y releìmos que la “madre de todas las ciencias” era, fundamentalmente, un saber teórico y metódico sobre los hechos protagonizados por el hombre en el tiempo. ¿Cuàl tiempo? ¿el tiempo pasado o futuro? La historia no es, de hecho, una prognosis, la historia no es arte prospectivo ni saber futurológico. Los historiadores no son adivinos; son, eso sì, hombres de carne y huesos que sufren como el que màs los padecimientos y rigores que se ciernen sobre el resto de la sociedad en que viven, trabajan, aman, se enamoran, procrean, se multiplican y fenecen. Un historiador es, por tanto, en principalísimo lugar un ciudadano común y corriente que por fuerza de su vasta y rigurosa formación acadèmica y científica dispone de herramientas conceptuales, nocionales y categoriales para estudiar y comprender los hechos producidos por el hombre en esa doble dimensión temporal que constituye el natural devenir de la humanidad con toda su carga de ansias y expectativas colectivas e individuales. ¿De dónde venimos, hacia dónde vamos como especie humana? Son interrogantes que no sólo se formula el hombre común independientemente de su formación académica. Todos, de una u otra forma, en determinado momento de nuestra existencia, nos preguntamos ¿hacia dónde vamos?. Todas las ciencias humanas pretenden querer saberlo y hacen lo humanamente posible de acuerdo con los recursos técnicos y científicos para saberlo. La sociología, la antropología, la filosofía, la comunicología, todas construyen un saber orientado a descubrir los mecanismos que hagan posible un menor grado de indeterminación y azar en el abigarrado mundo de las relaciones humanas cada dìa màs signadas por el relativismo y el saber entrópico.

Por supuesto que la historia es, ex aequo, el estudio y comprensión de toda sucesión de acontecimientos producidos por el hombre desde la noche màs oscura de la especie sapiente, pero la historia no es solo y exclusivamente estudio del pasado enteco y amañado como bien denunció en su momento nuestro gran Enrique Bernardo Nùñez; la historia es algo màs que un saber circunscripto al irremediable pasado que pretende hablarnos de bondades y maravillas protagonizadas por nuestros mayores antecesores. La historia, desde Tucìdides, Heròdoto, pasando por Vidal de La Blanche, Lucien Fevre, Marc Bloch, ha hurgado sobre los enigmas del pasado con miras a iluminar las zonas màs oscuras de nuestro presente. Y es en esa corriente historiográfica que me inscribo, modestamente, en el ànimo de comprender el presente para transformarlo. No se trata de un saber historiográfico contemplativo y neutral; de ningún modo legitimamos una razón histórica “objetivista” en el sentido cientificista que instituyeron ciertos historiadores del siglo XX, sòlo por referirnos al pasado màs cercano, tampoco se trata de legitimar verdades consagradas por la tradición y la fuerza instituyente del poder a lo largo del devenir de la sociedad. Se trata, eso sì, de develar con la mayor fuerza intelectual disponible a nuestro alcance los mecanismos epistemológicos e institucionales que hacen posible desde el poder escamotear la verdad histórica en todas sus facetas y aristas èticas y gnoselògicas con fines oscuros e inconfesables desde la racionalidad del poder y su urdimbre de instituciones destinadas a normalizar el discurso de la dominación y de la reproducción del logos autocràtico de la enajenación ideológico-cientista.