Aparejos de Sueños

Aparejos de sueños

Rafael Rattia

 

Sin preámbulos innecesarios, se trata de un manojo de relatos cortos titulado: Aparejos de sueños. Imprenta del Ministerio de Cultura, Caracas, Noviembre de 2007, cuya autorìa pertenece al poeta, narrador y artista plástico monaguense Antonio Manuel Ordàz (Maturìn, 1955).

Diez y seis relatos de corta y regular extensión conforman una singular ars narrativa de límpida prosa impregnada de poderosas imágenes familiarmente extraídas del màs preciado tesoro que posee la memoria de la especie humana: la infancia. El escritor se interna por entre el bosque asombrosamente sorprendente de esa veta inagotable de magias y maravillas que representa la etapa màs feliz que todo ser humano es capaz de vivir y luego recordar; la infancia memoriada, la memoria recobrada por el portentoso acto de la escritura, en este caso particular de la escritura narrativa. La escritura de la cuentìstica enarbolada en este libro sobriamente concebido en su sintaxis expresamente coloquial pero hondamente afincada en una tesitura fantasiosa de soberbia ensoñación imaginìstica. Las hipérboles y exageraciones ficcionales atraviesan muchas líneas del relato de no pocos cuentos señalando a este escritor como un exponente de cierta tradición fantástica en la línea de Don Julio Garmendia por ejemplo. Mutatis mutandis.

Personajes fabulados extraordinarios, “hormigas gigantes como camiones cisternas, caballitos del diablo que parecían helicópteros, gotas de rocìo que se antojaban inmensas lagunas”… El narrador nos lleva de la mano a sus lectores por mundos imaginarios soberbiamente increíbles como surgidos de una mente febrilmente trastornada por quièn sabe què sustancias alucinógenas.

La doble condición de poeta y narrador le confiere a este escritor un raro estatuto poco frecuente en la literatura venezolana de la última generación. Las imágenes que impregnan las páginas de este libro son legatarias de impresionantes resonancias lìricas y dueñas de una peculiar plasticidad verbal. Ordàz hace pintura con su prosa narrativa. Traza, dibuja, delinea y colorea la estructura anecdótica del relato con una fruición tal que leyendo sus cuentos pareciera que el lector està en presencia de un mago de la prosa. Sus cuentos buscan la brevedad, su cercana filiación con la economía verbal lo acerca màs a lo esencial del relato. La narrativa de este escritor està distante de cualquier prodigalidad expresiva y lejana de toda ostentación léxica. Sus cuentos pretenden decir mucho con poco. ¿Acaso no es eso precisamente lo que busca la maestría del decir narrativo?  Ordáz sacrifica la sobreabundancia empalabrante del discurso en aras de un decir despojado de adornos verbales.

En “Aparejos de sueños” està la vena narrativa mejor cultivada del màs alto exponente vivo de la narrativa monaguense de las últimas décadas; distinguido y aventajado discípulo de Juliàn Padròn, alumno privilegiado de la estirpe poética de Fèlix Armando Nùñez beauperthuy. Estas páginas delirantemente fantásticas y fantasiosas son un testimonio testamentario del prosista que escribe para la posteridad.

La prosa narrativa de Manuel Ordàz se elabora a partir de un esfuerzo intelectual de reconstrucción de trozos de la memoria primigenia del personaje. Los actantes narrativos hablan desde una reminiscencia recuperada por el poder evocatorio del narradaor. Leyendo los alucinantes cuentos de Aparejos de sueños, el narratario (el lector) se va dejando envolver por esos climas anecdóticos que emergen de las capas profundas de la infancia donde nuestros cómplices ficticios son nuestros abuelos, padres y ancestros mayores. Esta colección de piezas literarias es un verdadero tapiz de historias sucedidas en la Arcadia de la memoria del poeta que también es narrador y viceversa. Un patio de cerezos rojito y oloroso y un niño atravesando la campiña acompañado de un perro, son imágenes que se prendan en nuestro espíritu con agradecida donosura y elegante donaire expresivo. “Infinitas bandadas de pajarillos y mariposas multicolores revoloteaban alrededor de la casa del abuelo dándole un aire casi mágico a la casa.” Una prosa certera, de madura sintaxis sorprende con grato asombro al lector con cada relato contenido en estos muníficos cuentos ordazianos.

 

DE UTOPIAS Y DISTOPIAS

De utopías y distopìas

 

Rafael Rattia

 

Desde la noche màs oscura de la historia humana, homo sapiens ha sentido la necesidad de forjarse un futuro brillante, luminoso que le dè sentido a su obvia y natural capacidad de soñar con un tiempo por venir ubicado entre las próximas edades del devenir sociohistòrico. Hesìodo en su mìtico libro “Los trabajos y los días” se imaginò una edad de oro planetaria que vendría a equivaler a lo que el barbudo de Trèveris denominò ingenuamente la sociedad comunista. Tomàs Moro es su “Utopìa” imaginò igualmente un reino de absoluta felicidad social, económica y política que desterrarìa de la faz del planeta toda enfermedad y toda manifestación de desigualdad y explotación del hombre por el hombre. Campanella hizo otro tanto, y Charles Fourier describió sus falansterios emancipatorios con una asombrosa meticulosidad que dejó pasmado a los màs febriles revolucionarios e imaginistas del siglo XIX europeo. Es que la utopía tiene partida de nacimiento eurocéntrica. La droga civilizacional de Occidente es esa sociedad esclavizada del espíritu que subyuga al hombre moderno y lo coloca bajo el yugo del yunque del futuro perfecto. Sòlo los tarados políticamente pueden creer en la viabilidad y factibilidad real de  esos cuentos de camino que unos y otros llaman por comodidad nominal la utopía revolucionaria. Hay que ser bien tonto o enajenado psíquico para dejarse encandilar por las lucecitas de farol barato que emanan de la nave de la estulticia que se conoce con el nombre de “revolución”. Los sueños de la razón producen monstruos, dijo Goya. La racionalidad utópica legò al mundo esos resultados mostrencos que vemos hoy en Korea del Norte, China, Cuba, que lamentablemente Venezuela quiere emular con tan deplorables resultados para la inmensa mayoría de la sociedad.

El infierno aquí abajo en la tierra recibe el nombre de distopìa. Si la Ciudad de Dios, (civitas dei) era el equivalente de la máxima felicidad del hombre entre la ecúmene terrestre, la distopìa es la sinonimia del infierno telúrico instaurado en nombre del emancipacionismo compulsivo de la revolución; poco importa el adjetivo que esta última se autorotule. Dice el genio popular que el camino al infierno està repleto de buenas intenciones; de donde se infiere que el destacamento de vanguardia revolucionaria de la revolución bolivariana està dispuesta, sin escrúpulo alguno, a sacrificar si fuera necesario a la mitad de la población venezolana con tal de implantar la inmensa “colonia penal” (Jonuel Brigue dixit) en esta tierra de bravìos e indomeñables cimarrones e indios irreductibles. La sociedad venezolana lucha con asombroso denuedo por no dejarse naricear por el Estado neo-orwelliano bolivariano que pretende inútilmente tutelar bajo la manu militari. En otro tiempo tal vez ello pudo ser posible dada nuestro decimonónico atraso rural y debido al carácter ágrafo y profundamente ignaro de la Venezuela agraria y económicamente periférica y dependiente.

Hoy, Venezuela es parte integrante de la sociedad planetaria, los modelos de sociedad futura se debaten intensamente en el mundo virtual, los habitantes de esta comarca global tienen a su disposición en tiempo real información minuciosa sobre los proyectos redentores de alcance mundial. La brecha entre la tecknè y el telos se ha abreviado increíblemente en el último medio siglo y la especie humana ya no cree tan ingenuamente en fatuas luces alienantes ni en espejitos cegadores transmisores de ideologías idiotizantes.

Una lectura del humanismo segùn Heidegger

HACIA HEIDEGGER
Rafael Rattia
No cabe duda, como el mismo Heidegger dice: “lo que ante todo “es” es el ser”. No obstante, para que el ser sea, en toda su exacta plenitud, es preciso que el pensar actúe mediante el lenguaje. Y qué es el lenguaje para Heidegger? “El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre. Los pensadores y poetas son los guardianes de esa morada.” De donde se colige que el ser humano, en tanto que humanización del ser sólo podría alcanzar su estatus plenamente humano mediante el despliegue consciente de los poderes creadores del lenguaje.
Con respecto a eso que Heidegger llama “el pensar”, el pensador alemán sostiene que “el pensar sólo actúa en la medida que piensa”. De donde se infiere que el mayor o menor grado de facticidad del acto de pensar reside efectivamente en su propio ejercitarse. Dicho con otras palabras: si un pensamiento no piensa el “afuera” sino también su propio pensamiento puede decirse que ese pensamiento es abúlico o está “dormido”.
El tipo de pensar que le interesa a heidegger es aquél que se orienta y dirige hacia lo que él mismo llama “el pensar por el ser para decir la verdad del ser.”
Volviendo a la metáfora del lenguaje como “la casa del ser”, debemos decir que puede advertirse dicha figura tropológica una resonancia schopenhaueriana (Artur Schopenhauer) en la medida en que para Schopenhauer el mundo es para el hombre “el mundo como voluntad y representación”.
Heidegger propone liberar al lenguaje de la dictadura logocrática y gramatológica de la cual ha venido siendo presa el hombre a través de los siglos, desde los albores de Roma hasta nuestro presente. El pensamiento del ser, según Heidegger, debe siempre apuntar a un pensamiento de “l`engagement”, pero de un compromiso del ser con la verdad del ser.
Por otro lado, Heidegger nos invita a liberarnos de la interpretación técnica del pensar y remite los inicios de esa tal interpretación técnica a los pensadores griegos Platón y Aristóteles. Dice Heidegger que el pensar como tekné o procedimiento reflexivo siempre ha estado al servicio del “hacer y fabricar”. Heidegger pareciera querer decirnos que homo sapiens no ha hecho otra cosa que ponerse al servicio de homo faber y homo fabricans. Es por ello que Heidegger advierte que tomado en sí mismo el pensar no es un procedimiento “práctico” y que se encuentra opuesto a la determinación del “conocer” que es un procedimiento esencialmente teórico.
Es altamente llamativa la disyunción objetual que distingue Heidegger entre “el decir” y “lo escrito”. Sostiene que el poner el pensamiento por escrito el pensar pierde su dinamismo es muy difícil que mantenga su característica pluridimensionalidad significativa.
Acerca del humanismo se pregunta si en verdad desde hace ya bastante tiempo no se desconfía de los “ismos”. Heidegger también inquiere e interroga sobre si el marketing de la doxa no reclama siempre otros “ismos” nuevos. Del mismo modo cuando el pensar originario toca a su fin emergen nombres nuevos como “lógica”, “ética”, “física”. Los griegos en su época de mayor esplendor –dice Heidegger- ni siquiera llamaron “filosofía” al pensar. Y qué entiende Heidegger por el pensar, puro, sin adjetivos? El pensar es el pensar del ser.
Mientras que con respecto del querer nos dice Heidegger que la capacidad del querer está en aquello que “puede llegar a ser”. Es decir, lo que es “posible”. Si ello es así como dice Heidegger, entonces podemos preguntarnos si la Utopía siendo un estado de réplica mental, un topos, o sea un lugar no realizado aún que permanece en la mente del ser humano como “posibilidad” es, -para decirlo con palabras del Maestro, “una potentia” ; es decir, una realidad potencial. O como le gustaría decir a Ludwig Wittgenstein, “si algo puede ser pensado, entonces ese “algo” es también posible”. (Tractatus logicus-philosophicus).
Heidegger se rebela contra la racionalidad tecnocrática o tecnocientificista que paulatinamente ha venido instaurando la filosofía convirtiendo el auténtico pensar originario en una simple “técnica de explicación a partir de las causas supremas”.
El supremacismo de los infinitos “ismos” que se suceden unos tras otros a partir de la Edad moderna (léase siglo XVIII) ha terminado por instaurar una peculiar “dictadura de la opinión pública”. Se entiende por tanto que el sentido común programado por el imperio de la razón dominante, esto es, la hegemonía de la doxa pública impone la “dictadura de la opinión pública” que denuncia Heidegger. Es así cómo tal dictadura “decide qué es comprensible y qué es desechable por incomprensible”.
Heidegger postula una relación simétricamente proporcional entre la proposición de “la verdad del ser” y la reflexión sobre la esencia del lenguaje, que necesariamente debe ser una reflexión sobre la esencia del ser.
¡Peligro!. Heidegger advierte una peligrosa devastación del lenguaje que se extiende y enseñorea por doquier y aclara que tal precarización lingüística se alimenta de la responsabilidad estética y moral de todo uso del lenguaje. Cuando la esencia del hombre está en inminente peligro el lenguaje emite una serie de señales que dan cuenta de su deterioro. Heidegger es testigo de excepción y privilegiado de una espantosa decadencia del lenguaje que se explicita “bajo el dominio de la metafísica moderna de la subjetividad”.
Heidegger proclama la urgente necesidad de “reconducir nuevamente al hombre a su esencia” y de inmediato se interpela:
“¿Desde dónde se determina la esencia del hombre?” Seguidamente nos dice que Marx exige que desde “la sociedad”. Para Marx el hombre social es el hombre natural. Pero veamos qué dice Marx al respecto: “El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad «civil»; el del nuevo materialismo, la sociedad humana o la humanidad socializada.” (Tesis sobre Feurbach, tesis 10)
Ahora bien, según Heidegger cómo concibe el Cristiano la humanidad? Pues, ve la humanidad del hombre en la delimitación de éste frente a la deidad desde la óptica de la redención; es decir, el hombre es hombre en tanto que “hijo de Dios”. En pocas palabras, el hombre no es de este mundo y su tránsito por la tierra es pasajero, pues su destino es transmundanal, o sea la eternidad o la vida eterna.
Con el advenimiento de la República Romana el hombre romano se opone al “hombre bárbaro”. Esta dicotomía hace que surja la idea de la “humanitas” en la época de la “eruditio” y de la “institutio”. Es en Roma donde nos vamos a encontrar con el primer humanismo que es el resultado de los valores éticos de la Grecia tardía y la romanidad. Posteriormente, hacia el siglo XIV y XV Italia es el escenario de lo que Heidegger denomina como la “renascentia romanitatis”.
La visión heideggeriana del humanismo pone en perspectiva la “paideia” griega con la “virtus” romana; luego el humanismo se prolonga y extiende hasta el Renacimiento hasta alcanzar el esplendor dieciochesco de humanismo postulado por Wincklemann, Goethe y Schiller; exceptuando a Horderlin porque el poeta piensa la esencia del hombre y su correspondiente destino de un modo más inicial. ¿más griego, quiere decir Heidegger?
El síntesis, el “humanismo” de Marx no requiere de ningún retorno a la Antigüedad griega ni romana. Tampoco el “humanismo” existencialista de Jean Paul Sartre necesita legitimarse apelando al mundo griego antiguo.
“Por muy diferentes que parezcan estos humanismos, siempre coinciden en el hecho de que la humanidad se determina desde una perspectiva previamente establecida de una interpretación de la naturaleza, la historia, el mundo y el fundamento de mundo en su totalidad.” Heidegger concluye en que “todo humanismo se basa en una metafísica”.
Desde el primer humanismo (el romano) hasta los “últimos” humanismos postmodernos el hombre es entendido como “animal rationale”. En su Carta sobre el humanismo Heidegger devela la pretensión de toda metafísica de pensar el hombre como “animalitas” y no en función de su “humanitas”.

De utopías y distopías 

De utopías y distopìas 

Rafael Rattia

 

Desde la noche màs oscura de la historia humana, homo sapiens ha sentido la necesidad de forjarse un futuro brillante, luminoso que le dè sentido a su obvia y natural capacidad de soñar con un tiempo por venir ubicado entre las próximas edades del devenir sociohistòrico. Hesìodo en su mìtico libro “Los trabajos y los días” se imaginò una edad de oro planetaria que vendría a equivaler a lo que el barbudo de Trèveris denominò ingenuamente la sociedad comunista. Tomàs Moro es su “Utopìa” imaginò igualmente un reino de absoluta felicidad social, económica y política que desterrarìa de la faz del planeta toda enfermedad y toda manifestación de desigualdad y explotación del hombre por el hombre. Campanella hizo otro tanto, y Charles Fourier describió sus falansterios emancipatorios con una asombrosa meticulosidad que dejó pasmado a los màs febriles revolucionarios e imaginistas del siglo XIX europeo. Es que la utopía tiene partida de nacimiento eurocéntrica. La droga civilizacional de Occidente es esa sociedad esclavizada del espíritu que subyuga al hombre moderno y lo coloca bajo el yugo del yunque del futuro perfecto. Sòlo los tarados políticamente pueden creer en la viabilidad y factibilidad real de esos cuentos de camino que unos y otros llaman por comodidad nominal la utopía revolucionaria. Hay que ser bien tonto o enajenado psíquico para dejarse encandilar por las lucecitas de farol barato que emanan de la nave de la estulticia que se conoce con el nombre de “revolución”. Los sueños de la razón producen monstruos, dijo Goya. La racionalidad utópica legò al mundo esos resultados mostrencos que vemos hoy en Korea del Norte, China, Cuba, que lamentablemente Venezuela quiere emular con tan deplorables resultados para la inmensa mayoría de la sociedad.

El infierno aquí abajo en la tierra recibe el nombre de distopìa. Si la Ciudad de Dios, (civitas dei) era el equivalente de la máxima felicidad del hombre entre la ecúmene terrestre, la distopìa es la sinonimia del infierno telúrico instaurado en nombre del emancipacionismo compulsivo de la revolución; poco importa el adjetivo que esta última se autorotule. Dice el genio popular que el camino al infierno està repleto de buenas intenciones; de donde se infiere que el destacamento de vanguardia revolucionaria de la revolución bolivariana està dispuesta, sin escrúpulo alguno, a sacrificar si fuera necesario a la mitad de la población venezolana con tal de implantar la inmensa “colonia penal” (Jonuel Brigue dixit) en esta tierra de bravìos e indomeñables cimarrones e indios irreductibles. La sociedad venezolana lucha con asombroso denuedo por no dejarse naricear por el Estado neo-orwelliano bolivariano que pretende inútilmente tutelar bajo la manu militari. En otro tiempo tal vez ello pudo ser posible dada nuestro decimonónico atraso rural y debido al carácter ágrafo y profundamente ignaro de la Venezuela agraria y económicamente periférica y dependiente.

Hoy, Venezuela es parte integrante de la sociedad planetaria, los modelos de sociedad futura se debaten intensamente en el mundo virtual, los habitantes de esta comarca global tienen a su disposición en tiempo real información minuciosa sobre los proyectos redentores de alcance mundial. La brecha entre la tecknè y el telos se ha abreviado increíblemente en el último medio siglo y la especie humana ya no cree tan ingenuamente en fatuas luces alienantes ni en espejitos cegadores transmisores de ideologías idiotizantes.

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La toma de Caracas

Rafael Rattia @rattia

Es asombrosamente increíble; ver con incredulidad pasmosa un millòn y cien mil personas congregados en la capital de la Repùblica en una marcha que pasarà a la historia polìtica del devenir republicano como la màs grande del continente desde 1810 al presente. Se veìa por TV y por las redes sociales y no se creìa. Tres grandes avenidas caraqueñas atestadas de gente hasta desbordarse. 18 kilòmetros de marchistas pidiendo Referéndum Revocatorio para abrirle cauce a una salida pacìfica, democràtica, constitucional y electoral a la inmensa crisis estructural que se cierne sobre la naciòn con las reservas de crudo màs grandes del orbe terràqueo. Quien quiera imaginarse un gobierno de integración nacional, multipartidario, policlasista; una Venezuela inclusiva verdaderamente, de genuino contenido social, sòlo tenìa que asomarse al nuevo paìs que empezò a nacer el 1 de Septiembre.
Fue un dìa de apoteosis històrica; es lo que en tèrminos de teoría polìtica moderna se denomina “la naciente historicidad contituyente” que pugna por reemplazar la vieja e inservible “historicidad constituida”. La democracia se activò desde las catacumbas del pueblo y se expresò con una voluntad y un énfasis jamàs visto en 200 años.

Dìas antes del tsunami de gente marchando sobre la capital de venezuela, la hegemonìa comunicacional del sistema nacional de medios pùblicos desatò una virulenta campaña de propaganda satanizando la convocatoria a la gran Toma de Caracas, calificàndola de “golpista”, “violenta” y de querer pretender “derrocar” al presidente y acabar con la revoluciòn socialista. Y es que el paìs està exhausto de tanta escasez, de tanto desabastecimiento, de tanta hambre programada por el gobierno insensible e indolente, hay un hartazgo de inseguridad en todo el territorio nacional. La gente quiere cambios sustantivos. Los venezolanos quieren un giro copernicano en la conducción de las riendas que llevan de los destinos del paìs. El 1 de septiembre la sensibilidad social y polìtica de los venezolanos marcò un antes y un después. Los historiadores del futuro tendràn que atender esta fecha como un ìtem significativo en la periodizaciòn històrica para el estudio y comprensión de los acontecimientos de la historia del siglo XXI en el paìs. No se puede soslayar esta fecha sin incurrir en el grave riesgo de caer en el subjetivismo partidista y sectario a que suele ser llevada cierta historiografìa nacional. Còmo solìa decirse hace apenas unos pocos años: el que tenga ojos que vea. La segunda marcha màs grande del planeta tierra no es poca cosa. Exigiendo democracia, clamando paz, pidiendo comida, medicina y seguridad personal. Què puedo yo decir. Què se puede agregar a la evidente e incontestable realidad real. Màs de un millòn de personas clamando justicia y exigiendo el cumplimiento de la Carta fundamental del paìs.
Puestos a decir, todo hay que decirlo; el pasado 6 de Diciembre, con la elecciòn del poder legislativo mayoritariamente a favor de la oposición democràtica, el paìs entrò en una fase de progresiva recuperaciòn y reestablecimiento de la democracia. Con esta segunda etapa de lucha civil y civilista, los factores auténticamente demócratas e institucionales, reafirman su inequìvoca vocaciòn institucionalista y logran una irrevocable demostración del camino constitucional por donde hay que transitar en el tiempo por venir. El chavismo entrò, evidentemente, en su fase agònica, es una respetable minorìa pero minorìa al fin. Sus dirigentes màs connotados deben admitir que el madurismo como expresión de la enfermedad infantil del chavismo radical ha entrado en barrena y marcha irremediablemente hacia su condiciòn minoritaria como formación partidista. Es la hora de los cambios y transformaciones jurìdico-polìticas en Venezuela. Es la hora de la inevitable transición institucional. Sòlo hay una vìa para reinventar la democracia y es la vìa electoral, pacìfica y constitucional. Los retos son gigantescos pero ineludibles e irrenunciables.

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LA TOMA DE CARACAS

 

La toma de Caracas

 

Rafael Rattia   @rattia

 

 

Es asombrosamente increíble; ver con incredulidad pasmosa un millòn y cien mil personas congregados en la capital de la Repùblica en una marcha que pasarà a la historia polìtica del devenir republicano como la màs grande del continente desde 1810 al presente. Se veìa por TV y por las redes sociales y no se creìa. Tres grandes avenidas caraqueñas atestadas de gente hasta desbordarse. 18 kilòmetros de marchistas pidiendo Referéndum  Revocatorio para abrirle cauce a una salida pacìfica, democràtica, constitucional y electoral a la inmensa crisis estructural que se cierne sobre la naciòn con las reservas de crudo màs grandes del orbe terràqueo. Quien quiera imaginarse un gobierno de integración nacional, multipartidario, policlasista; una Venezuela inclusiva verdaderamente, de genuino contenido social, sòlo tenìa que asomarse al nuevo paìs que empezò a nacer el 1 de Septiembre.

Fue un dìa de apoteosis històrica; es lo que en tèrminos de teoría polìtica moderna se denomina “la naciente historicidad contituyente” que pugna por reemplazar la vieja e inservible “historicidad constituida”. La democracia se activò desde las catacumbas del pueblo y se expresò con una voluntad y un énfasis jamàs visto en 200 años.

 

Dìas antes del tsunami de gente marchando sobre la capital de venezuela, la hegemonìa comunicacional del sistema nacional de medios pùblicos desatò una virulenta campaña de propaganda satanizando la convocatoria a la gran Toma de Caracas, calificàndola de “golpista”, “violenta” y de querer pretender “derrocar” al presidente y acabar con la revoluciòn socialista. Y es que el paìs està exhausto de tanta escasez, de tanto desabastecimiento, de tanta hambre programada por el gobierno insensible e indolente, hay un hartazgo de inseguridad en todo el territorio nacional. La gente quiere cambios sustantivos. Los venezolanos quieren un giro copernicano en la conducción de las riendas que llevan de los destinos del paìs. El 1 de septiembre la sensibilidad social y polìtica de los venezolanos marcò un antes y un después. Los historiadores del futuro tendràn que atender esta fecha como un ìtem significativo en la periodizaciòn històrica para el estudio y comprensión de los acontecimientos de la historia del siglo XXI en el paìs. No se puede soslayar esta fecha sin incurrir en el grave riesgo de caer en el subjetivismo partidista y sectario a que suele ser llevada cierta historiografìa nacional. Còmo solìa decirse hace apenas unos pocos años: el que tenga ojos que vea. La segunda marcha màs grande del planeta tierra no es poca cosa. Exigiendo democracia, clamando paz, pidiendo comida, medicina y seguridad personal. Què puedo yo decir. Què se puede agregar a la evidente e incontestable realidad real. Màs de un millòn de personas clamando justicia y exigiendo el cumplimiento de la Carta fundamental del paìs.

Puestos a decir, todo hay que decirlo; el pasado 6 de Diciembre, con la elecciòn del poder legislativo mayoritariamente a favor de la oposición democràtica, el paìs entrò en una fase de progresiva recuperaciòn y reestablecimiento de la democracia. Con esta segunda etapa de lucha civil y civilista, los factores auténticamente demócratas e institucionales, reafirman su inequìvoca vocaciòn institucionalista y logran una irrevocable demostración del camino constitucional por donde hay que transitar en el tiempo por venir. El chavismo entrò, evidentemente, en su fase agònica, es una respetable minorìa pero minorìa al fin. Sus dirigentes màs connotados deben admitir que el madurismo como expresión de la enfermedad infantil del chavismo radical ha entrado en barrena y marcha irremediablemente hacia su condiciòn minoritaria como formación partidista. Es la hora de los cambios y transformaciones jurìdico-polìticas en Venezuela. Es la hora de la inevitable transición institucional. Sòlo hay una vìa para reinventar la democracia y es la vìa electoral, pacìfica y constitucional. Los retos son gigantescos pero ineludibles e irrenunciables.