La casa del ser

La casa del ser.    

Rafael Rattia

 

En algún aforismo filosófico de la vasta e intrincada obra intelectual del pensador alemán Martìn Heidegger el eminente profesor de Friburgo dijo que el lenguaje era la casa del ser. Por supuesto que el lenguaje habita al ser y es habitado por èl. Posee y es poseído por el humano ser. Quien habla es a su vez hablado por el lenguaje. Dice la semióloga Julia Kristeva que el lenguaje es “ese desconocido” que permanece ilegible e impone múltiples lecturas siempre inèditas y no pocas veces ininteligibles. El homo lingüísticus nombra lo desconocido y renombra lo humanamente conocido en un esfuerzo y desafío ilimitado que la misma especie humana no sabe hacia dònde conduce. ¿Cuàles son las fronteras del lenguaje? ¿acaso tiene fronteras ese poderoso instrumento de comunicación que distingue al animal que fabla, dialoga, interroga y responde inùtilmente a sus propias irresueltas preguntas que le asedian desde siempre?

Soy yo en la medida que hablo y digo lo que creo ser en la inacabada búsqueda de identidad de mi mismo con relación al otro que siempre voy siendo. Sì, porque pese a la ilusión de pretender ser quien soy siempre van a existir otros yoes que pugnan por imponerse en mi singularidad como ser humano que aspiro ser en mi devenir siendo que me distingue. Rimbaud lo dijo de un modo tan líricamente explìcito: “Je suis autre”. Mi ser siempre es otro, yo soy una pluralidad de especificidades que coexisten en mi ser total. Soy esta totalidad abierta que se proyecta hacia los demás seres humanos que le dan sentido a mi existencia. Nunca conoceremos a ciencia cierta la esencia última del ser pero vale la pena el esfuerzo de conocerse a sì mismo como querìa el que bebió la cicuta.

Existen personas cuya “casa” permanece deplorablemente sucia; sus enseres y atavíos verbales revelan la menesterosidad léxica que los caracteriza. La vulgata de sus oropeles lingüísticos delata el abandono de su casa. El oikos del espìritu està repleto de cachivaches verbales. Quien se expresa soezmente no es digno de habitar dignamente la casa del ser. Como dice el dicho: “dìme como hablas y te dirè quièn eres”. No se trata de exigirle a nuestros interlocutores que se expresen con el hermético y abstracto rigor de una poliglotìa plurisemàntica. No es necesario que increpemos a nuestros semejantes y le emplacemos a que hablen como un diccionario de voces extrañas de la lengua castellana. Basta -mejor dicho, es suficiente- con que nos esforcemos en hablar correctamente y hagamos un sacrificio por decir lo que es menester decir con un mínimo de decencia respetuosa hacia nuestra mater linguae en la que fuimos amamantados y criados desde la màs tierna infancia. Quien transgrede las normas elementales del lenguaje es capaz de burlar cualquier entramado del andamiaje jurídico-legal de una sociedad. El irrespeto al lenguaje es de suyo el irrespeto al ser; al espíritu del ser habita la casa de la humanidad. Tropos, metáforas, sinonimias, sinécdoques, paranomasias, estructuras sintácticas que nos brindan posibilidades ciertas de expresarnos con soltura ante nuestros semejantes y comerciar con ellos simbólicamente en una inagotable interacción comunicativa que nos permite buscar y buscarnos a nosotros mismos formulándonos y contestándonos interrogantes que operan como auténticos desafíos del espíritu.

Limpiar la casa es asear el espíritu; deslastrarlo de todo tipo de suciedades verbales que afean las palabras y las envilecen hasta el hartazgo. Hace falta llevar a cabo en todo el territorio nacional una cruzada por el adecentamiento y recuperación de la palabra; devolverle su antiguo brillo y restaurarle su hermoso esplendor. No hay tiempo que perder! 

Enviado desde mi iPhone

Anuncios

Un comentario en “La casa del ser

  1. “Boca sucia” o “Mal hablado” solía endilgarle a quien de forma desaprensiva exclamara un “!No Jile!” o un inocente “caraj” por ser contracciones de expresiones, de suyo, inaceptables por indecentes. Pasarían muchos años desde mi niñez, cuando la vulgaridad, la escatología se exhibiera casi como el triunfo de todas las negaciones. Si somos lo que decimos…entonces. La tarea es abrumadora pero decididamente, decididamente necesaria.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s