DESGOBERNANZA

DESGOBERNANZA

Rafael Rattia   @rattia

 

La sociedad venezolana se viene deslizando peligrosa y vertiginosamente hacia un abismo al parecer insondable.

El camino por el que transitan sus habitantes es, evidentemente intransitable; todo està lleno de espinas, el trayecto actual se caracteriza por exhibir grandes obstáculos que si no impiden sì obstaculizan la continuidad en la libre transitabilidad hacia una auténtica gobernanza.

La ley, como maximización jurídica del “estado de derecho” de la sociedad ha sido convertida en un burladero. Nadie acata ni respeta la ley porque tampoco nadie ve razones para hacerlo. Las instancias institucionales por mandato de jure garantes del estricto cumplimiento de la ley son las primeras en ostentar su inobservancia e incluso su abierta y flagrante transgresión.

A todas luces se evidencia en el país una inmoral escisión entre el sujeto de derecho y el estado de derecho; dicho en otros términos, la ley va hacia el sur y el ciudadano hacia el norte, cuando en una sociedad màs o menos “normal” ambas entidades deberían tender hacia una totalidad orgánica de libérrima convivialidad, es decir, la ley no tendría que ser un óbice para la coexistencia pacífica y civilizada de los individuos sino màs bien un mecanismo que facilite y garantice la convivencia de los contrarios en un mismo espacio civilizatorio. Por el contrario, en Venezuela la ley obstruye la justicia y obstaculiza la aplicación y administración de la misma. La obscena partidocratizaciòn de la administración de la norma jurídica envía a la sociedad toda un peligroso mensaje de permisividad y de tolerancia al delito cuando no a su estímulo y fomento. La “revolución” se propone desmontar el entramado jurídico-polìtico institucional que los revolucionarios estiman parte sustantiva del Antiguo Régimen. No otro fin tiene la ofensiva estatocràtica expropiacionista que adelanta la SUNDEE, el SEBIN, la GNB ya los CLAP contra pequeños y medianos comerciantes en todo el territorio nacional bajo el manido pretexto de vigilancia y control de precios y esgrimiendo el ardid propagandístico de la especulación y el acaparamiento de productos. La ley en manos del Estado es una coartada publicitaria. En no pocas ocasiones sirve sólo para someter a la sociedad bajo los dictámenes del estatismo revolucionario.

El antagonismo irreconciliable es meridiano: el estado contra la sociedad. La “ley” està secuestrada por el Estado y èste último està confiscado por una èlite tecnoburocràtica enquistada en una lógica partidocràtica, la lógica del partido único; de donde se colige que únicamente con un giro copernicano (cambio paradigmático) sería, eventualmente, posible re-establecer una cierta normalidad en el funcionamiento del sistema de justicia y un necesario equilibrio de poderes, garantía imprescindible para que sea posible hablar con seriedad de democracia.

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