Las palabras conjugadas de Mery Sananes

RAFAEL RATTIA

Las enigmáticas bondades del destino quisieron que este libro de la poeta Mery Sananes vinieran hasta mì en tiempos tan convulsos como inciertos.

El copyright del libro “Palabras conjugadas” dice que fue impreso en el mes de Julio del presente año 2016 en los Talleres “La perla, CA” y la Càtedra “Pìo Tamayo” de la Universidad Central de Venezuela con un modesto tiraje de 15.000 ejemplares. Para ser un libro de poesía es una edición de considerable tiraje. Venezuela es un país que desde tiempos coloniales ha leído poesía con singular avidez pero hay tiempos màs auspiciosos y propicios para la lectura de poesía que otros.

Càsi un centenar de poemas conforman este poemario de Sananes dedicado a ser en su esplèndido anonimato; no hay mejor dedicatoria que esa que va dirigida al humano ser, a la doliente humanidad que vive la vividura del vivir en la intensidad de la palabra dicha al fragor de la pronunciación, del decir diciendo.

La escritora postula en este libro la urgencia de una voz que privilegie el saber fonèmico, la eufonía de la voz que enuncia la vida que otorga sentido al estar en el mundo. Más allà de toda grafía escritural el lector lee los textos poéticos de Sananes y se asombra de constatar el canto subyacente en cada verso labrado por su trazo firme, terso, meditado y, màs aùn, sentido en lo hondo del ser. No tengo la menor duda; la poética contenida en estos textos conjugados proclaman una cierta epifanìa de la imaginación lìrica. La escritora se interroga sobre si, efectivamente, las palabras fundantes del cosmos humano podrían experimentar un retorno a sus conjugaciones originarias, genésicas… Esa preocupación esencial que exhalan sus textos me remiten a lo que los antiguos griegos denominaban con la palabra apocatástasis, es decir; la reconciliación del ser consigo mismo y con el mundo. El ars poética propuesta en las páginas de este libro no tiene discusión. Una inveterada pulcritud léxica se adueña de cada verso que ordena una sintaxis de música telúrica afincada en la angustiosa y angustiante tarea de vivir. “Palabras conjugadas” nos estremece la sensibilidad del lector y recuerda que primero es el vivir, el mandato insoslayable, luego se escribe en los pliegues del aire y por último se rasga la página con la grapheim. La poiesis de Sananes es testamento de su paso por la tierra seca y desolada de un tiempo inclemente que nunca diò sosiego a los grandes desafíos de la especie humana. En el poema titulado “La canción rota” dice:

“Pertenezco a esa especie colectiva

Empeñada en quebrar el ruido con una

Palabra que aùn no se ha construido” (…)

La memoriosa conmoción de un recuerdo es imagen que perturba la capacidad intelectiva del lector. El lector que se acerca a la gratificante intimidad de estos textos no puede evadir el sentimiento de gratitud con la poeta por poner en la página imágenes tan desgarradoramente cálidas y tan inocentes que parecieran venir de una memoria edénica, paradisíaca. Toda la poesía de Sananes es un terco y arrebatado exhorto a la ternura, un emplazamiento al amor y el amar contra el morir y estos textos son una expresión patentizada de ello.

Lo que sì no se oculta en esta poesía de Sananes es su profundo y raigal eco libertario y el poema es, en estos textos de libertad y esperanza, una forma de conocimiento, un camino tortuoso para acceder a la verdad que conduce inexorablemente a la libertad. Leer los textos poéticos contenidos en “Palabras conjugadas” es, también, ex aequo, leerse uno mismo en nuestra propia interioridad psicológica. La escritura poética propuesta en este libro es altamente terapéutica, balsámica, “sanadora” en lo que toca a nuestra herida esencial: ser uno mismo, reconocerse uno en sì mismo y consigo mismo desde la alteridad de la escritura del otro.

La palabra ìngrima, desnuda, solitaria, en su original estado virginal de no pronunciación, la palabra en estado de gestación con sus sonidos morfogenèsicos nacimientales; a esa palabra busca acercarse la escritura de Sananes y estimo que su hercúleo esfuerzo intelectual es no sòlo vàlido sino màs bien plausible y altamente encomiable. Desde estas líneas saludamos esta magnìfica y munificente obra de pura poesía y auguramos para ella y su autora el mejor de los destinos que seguro estoy de ello sabrà labrarse por sus incontables virtudes literarias y estèticas.

Crítica, reseña y comentario

Crìtica, reseña y comentarioRafael Rattia
El Maestro lo dijo de manera insuperable; “el que estè libre de culpas que lance la primera piedra…” Basta con estar vivos para ser susceptibles, merecedores o no, de ser criticados por nuestros semejantes. La crìtica y la autocrìtica son dos aspectos que las màs de las veces van de la mano. Dirìa Jorge Luis Borges, una especie de amonedamiento envuelve la relación dialógica entre crìtica y autocrìtica. La crìtica textual es una actividad literaria que viene de lejos; desde los albores del libro mismo se conoce el ejercicio del fenómeno crìtico asociado el contenido del libro. Los sofistas eran grandes “gladiadores” de la palabra, artistas del birlibirloque, expertos del estratagema y el ardid semàntico en el arte de la persuasión discursiva, del convencimiento o disuasión verbal. Desde los tiempos de brillante esplendor de los discípulos de Protàgoras de Gorgias, en la antigüedad griega, hubo “críticos literarios”. Y durante el Renacimiento, nos dice Roland Barthes, hubo una figura conocida con el nombre de Retor que se destacó de modo sobresaliente en las artes verbales de la oratoria. Eventualmente el Retor también incursionaba en el terreno minado de la crìtica. Obviamente, para hacer crítica literaria menester es estar dotado de un nada desdeñable arsenal de herramientas teórico-metodològicas (caja de herramientas la llama Foucault) que permitan al crìtico abordar con conocimiento de causa y razón suficiente las aristas complejas de cada obra en sus características singularidades. La materia textual es ámbito de estudio y análisis reflexivo que no le son ajenos al crìtico. El libro es al crìtico lo que la sociedad es al Sociòlogo o el hombre al Antropòlogo, mutatis mutandis.

La reseña literaria, en cambio, se ocupa de dar a conocer el libro y sus rasgos característicos; el título, autor, año de publicación, editorial, tipo de papel, elementos que intervienen en la confección y elaboración del libro en cuestión. El reseñista bibliográfico no necesariamente està obligado a hacer crìtica literaria pero es deber insoslayable del crìtico dar a conocer los rasgos distintivos màs relevantes del libro objeto de crìtica.

El reseñista se ocupa del libro, digamos, en un nivel básico; comenta, grosso modo, las líneas gruesas del libro, sus propósitos y objetivos si los tuviere, habla sobre la trayectoria literaria del autor, sobre el género al cual pertenece el libro de marras y sus posibles filiaciones artísticas y estéticas con otras bibliografías o referencias biblio-hemerográficas. La reseña tiene sus nichos naturales en las secciones de arte y cultura de los periódicos nacionales y regionales; la crìtica literaria, en cambio, se refugia en revistas màs especializadas y de carácter académico y de investigación científica y literaria o filológica. La tradición crìtica en Venezuela ha estado asociada a los centros académicos universitarios y a publicaciones periódicas especializadas. No obstante, con la proliferación de la literatura y la creación literaria digital en internet las revistas en formato de papel han dado paso a espacios virtuales como páginas web o blogs o páginas personales de autor en redes sociales. Tal es el caso de, por ejemplo, Google Plus, Facebook, Blogspot, Turbln, Instagram, TweetLonger, etc.
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La casa del ser

La casa del ser.    

Rafael Rattia

 

En algún aforismo filosófico de la vasta e intrincada obra intelectual del pensador alemán Martìn Heidegger el eminente profesor de Friburgo dijo que el lenguaje era la casa del ser. Por supuesto que el lenguaje habita al ser y es habitado por èl. Posee y es poseído por el humano ser. Quien habla es a su vez hablado por el lenguaje. Dice la semióloga Julia Kristeva que el lenguaje es “ese desconocido” que permanece ilegible e impone múltiples lecturas siempre inèditas y no pocas veces ininteligibles. El homo lingüísticus nombra lo desconocido y renombra lo humanamente conocido en un esfuerzo y desafío ilimitado que la misma especie humana no sabe hacia dònde conduce. ¿Cuàles son las fronteras del lenguaje? ¿acaso tiene fronteras ese poderoso instrumento de comunicación que distingue al animal que fabla, dialoga, interroga y responde inùtilmente a sus propias irresueltas preguntas que le asedian desde siempre?

Soy yo en la medida que hablo y digo lo que creo ser en la inacabada búsqueda de identidad de mi mismo con relación al otro que siempre voy siendo. Sì, porque pese a la ilusión de pretender ser quien soy siempre van a existir otros yoes que pugnan por imponerse en mi singularidad como ser humano que aspiro ser en mi devenir siendo que me distingue. Rimbaud lo dijo de un modo tan líricamente explìcito: “Je suis autre”. Mi ser siempre es otro, yo soy una pluralidad de especificidades que coexisten en mi ser total. Soy esta totalidad abierta que se proyecta hacia los demás seres humanos que le dan sentido a mi existencia. Nunca conoceremos a ciencia cierta la esencia última del ser pero vale la pena el esfuerzo de conocerse a sì mismo como querìa el que bebió la cicuta.

Existen personas cuya “casa” permanece deplorablemente sucia; sus enseres y atavíos verbales revelan la menesterosidad léxica que los caracteriza. La vulgata de sus oropeles lingüísticos delata el abandono de su casa. El oikos del espìritu està repleto de cachivaches verbales. Quien se expresa soezmente no es digno de habitar dignamente la casa del ser. Como dice el dicho: “dìme como hablas y te dirè quièn eres”. No se trata de exigirle a nuestros interlocutores que se expresen con el hermético y abstracto rigor de una poliglotìa plurisemàntica. No es necesario que increpemos a nuestros semejantes y le emplacemos a que hablen como un diccionario de voces extrañas de la lengua castellana. Basta -mejor dicho, es suficiente- con que nos esforcemos en hablar correctamente y hagamos un sacrificio por decir lo que es menester decir con un mínimo de decencia respetuosa hacia nuestra mater linguae en la que fuimos amamantados y criados desde la màs tierna infancia. Quien transgrede las normas elementales del lenguaje es capaz de burlar cualquier entramado del andamiaje jurídico-legal de una sociedad. El irrespeto al lenguaje es de suyo el irrespeto al ser; al espíritu del ser habita la casa de la humanidad. Tropos, metáforas, sinonimias, sinécdoques, paranomasias, estructuras sintácticas que nos brindan posibilidades ciertas de expresarnos con soltura ante nuestros semejantes y comerciar con ellos simbólicamente en una inagotable interacción comunicativa que nos permite buscar y buscarnos a nosotros mismos formulándonos y contestándonos interrogantes que operan como auténticos desafíos del espíritu.

Limpiar la casa es asear el espíritu; deslastrarlo de todo tipo de suciedades verbales que afean las palabras y las envilecen hasta el hartazgo. Hace falta llevar a cabo en todo el territorio nacional una cruzada por el adecentamiento y recuperación de la palabra; devolverle su antiguo brillo y restaurarle su hermoso esplendor. No hay tiempo que perder! 

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Aparejos de Sueños

Aparejos de sueños

Rafael Rattia

 

Sin preámbulos innecesarios, se trata de un manojo de relatos cortos titulado: Aparejos de sueños. Imprenta del Ministerio de Cultura, Caracas, Noviembre de 2007, cuya autorìa pertenece al poeta, narrador y artista plástico monaguense Antonio Manuel Ordàz (Maturìn, 1955).

Diez y seis relatos de corta y regular extensión conforman una singular ars narrativa de límpida prosa impregnada de poderosas imágenes familiarmente extraídas del màs preciado tesoro que posee la memoria de la especie humana: la infancia. El escritor se interna por entre el bosque asombrosamente sorprendente de esa veta inagotable de magias y maravillas que representa la etapa màs feliz que todo ser humano es capaz de vivir y luego recordar; la infancia memoriada, la memoria recobrada por el portentoso acto de la escritura, en este caso particular de la escritura narrativa. La escritura de la cuentìstica enarbolada en este libro sobriamente concebido en su sintaxis expresamente coloquial pero hondamente afincada en una tesitura fantasiosa de soberbia ensoñación imaginìstica. Las hipérboles y exageraciones ficcionales atraviesan muchas líneas del relato de no pocos cuentos señalando a este escritor como un exponente de cierta tradición fantástica en la línea de Don Julio Garmendia por ejemplo. Mutatis mutandis.

Personajes fabulados extraordinarios, “hormigas gigantes como camiones cisternas, caballitos del diablo que parecían helicópteros, gotas de rocìo que se antojaban inmensas lagunas”… El narrador nos lleva de la mano a sus lectores por mundos imaginarios soberbiamente increíbles como surgidos de una mente febrilmente trastornada por quièn sabe què sustancias alucinógenas.

La doble condición de poeta y narrador le confiere a este escritor un raro estatuto poco frecuente en la literatura venezolana de la última generación. Las imágenes que impregnan las páginas de este libro son legatarias de impresionantes resonancias lìricas y dueñas de una peculiar plasticidad verbal. Ordàz hace pintura con su prosa narrativa. Traza, dibuja, delinea y colorea la estructura anecdótica del relato con una fruición tal que leyendo sus cuentos pareciera que el lector està en presencia de un mago de la prosa. Sus cuentos buscan la brevedad, su cercana filiación con la economía verbal lo acerca màs a lo esencial del relato. La narrativa de este escritor està distante de cualquier prodigalidad expresiva y lejana de toda ostentación léxica. Sus cuentos pretenden decir mucho con poco. ¿Acaso no es eso precisamente lo que busca la maestría del decir narrativo?  Ordáz sacrifica la sobreabundancia empalabrante del discurso en aras de un decir despojado de adornos verbales.

En “Aparejos de sueños” està la vena narrativa mejor cultivada del màs alto exponente vivo de la narrativa monaguense de las últimas décadas; distinguido y aventajado discípulo de Juliàn Padròn, alumno privilegiado de la estirpe poética de Fèlix Armando Nùñez beauperthuy. Estas páginas delirantemente fantásticas y fantasiosas son un testimonio testamentario del prosista que escribe para la posteridad.

La prosa narrativa de Manuel Ordàz se elabora a partir de un esfuerzo intelectual de reconstrucción de trozos de la memoria primigenia del personaje. Los actantes narrativos hablan desde una reminiscencia recuperada por el poder evocatorio del narradaor. Leyendo los alucinantes cuentos de Aparejos de sueños, el narratario (el lector) se va dejando envolver por esos climas anecdóticos que emergen de las capas profundas de la infancia donde nuestros cómplices ficticios son nuestros abuelos, padres y ancestros mayores. Esta colección de piezas literarias es un verdadero tapiz de historias sucedidas en la Arcadia de la memoria del poeta que también es narrador y viceversa. Un patio de cerezos rojito y oloroso y un niño atravesando la campiña acompañado de un perro, son imágenes que se prendan en nuestro espíritu con agradecida donosura y elegante donaire expresivo. “Infinitas bandadas de pajarillos y mariposas multicolores revoloteaban alrededor de la casa del abuelo dándole un aire casi mágico a la casa.” Una prosa certera, de madura sintaxis sorprende con grato asombro al lector con cada relato contenido en estos muníficos cuentos ordazianos.